Texto e ilustraciones por: Gabriel Cruz

Cuando Stefa Wefa lanzó su convocatoria para que los más aventados de esta ciudad escribieran en Mermelada, yo no pude dejar de sentir que el destino me llamaba. Días después, y ya aceptado mi primer texto, ella me contactó para que le dijera quien soy y a qué me dedico, mi reseña pues. Yo le puse ahí que soy artista visual y que cocino y que la manga del muerto y que a chuchita la bolsearon. Algo me faltaba, estaba seguro, y no sabía qué era; durante días no dormí, hasta que lo pude traer de nuevo a mi memoria. Era algo que estaba ahí muy oculto, en un rinconcito entre las penumbras de mi cerebro. Hace mucho, pero mucho tiempo, tuve una profesión de la que pocos saben y que no me hacía sentir muy orgulloso en ese momento; pero estoy seguro que gracias a ella, ustedes están vivos.

Yo fui un sicario de zombies

La verdad es que el destino me llevó a esto. Yo era un simple mercenario y trabajaba para los alemanes, luchando contra los ingleses y los franceses en Camerún, África, allá por 1915. Mis contratantes se rindieron bien rápido y tuve que huir e internarme en el continente. Así aproveché para conocer un poco acerca de ritos mágicos, brujerías y esas cosas, ya que cuando regresara a México quería poner un puestito de limpias en el Mercado Sonora. Después de unos años de vagar de un lugar a otro, y fracasar en el negocio de la chamanería, me tomé una vacaciones en Haití. Era 1932 más o menos, y por esa época la isla era un lugar tranquilo. Así fue hasta que, al llegar a un lugar en el norte del país, me encontré en un bar con un cuate que parecía tener bastante dinero, del tipo que en domingo se pone muy fino con su chaqué de lino. Él se me acercó y me dijo que me conocía, que me había visto en el frente; yo, ruborizado, me tapé la entrepierna con las manos y estuve a punto de soplar el #pitodemancera, cuando me dijo que no lo malinterpretara, que se refería a la batalla en África. Él era francés y estaba ahí “haciendo negocios”. Después de varias copas de aguardiente, me dijo que le interesaban mis habilidades, que quería deshacerse de un terrateniente poderoso que vivía ahí cerca y robarle un secretito muy guardadito en un cofrecito, y yo era la persona indicada para ese trabajo. Sólo había un problema, dijo el frenchute: el hombre en cuestión siempre estaba rodeado por sus guardaespaldas, y éstos no eran del tipo común del Estado de México, que sólo se salen de la Suburban y te parten tu madre por voltear a ver al mirrey que acompañan. No, comentó. Éstos eran de los que con sus manos podían romper tu cuello como si se tratase de la rama de un árbol seco.

brujo

Terrateniente haitiano

“Estos enormes seres, amigo mío, son zombies. Esclavos del terrateniente, que mediante brujería poderosa ha hecho de sus mentes un mero espacio vacío en renta”. Algo extra que me advirtió el extranjero, fue que si lograba matar al brujo, los zombies caerían de inmediato, ya que se desvanecería el hechizo que los mantenía en pie.

Zombie haitiano

Zombie haitiano

¿Quieres saber qué hice ante este cuento tan lleno de supercherías? Pues aceptar. El francés me pagó la mitad en ese momento y con monedas de oro; no podía rehusarme.

Esa misma noche me dirigí a la casa del personaje. A pesar de que las medidas de seguridad de la propiedad eran muy precarias y rudimentarias fui muy cuidadoso. Cuando ya estaba muy cerca de la casa pude verlos: eran varios, enormes, muy fuertes y su piel era muy pálida. Eso era lo más raro ya que todos eran afros.

No me costó trabajo burlarlos, mi entrenamiento como ninja me ayudó mucho y logré entrar hasta la habitación del brujo. Él estaba dentro, lo podía escuchar desde fuera, parecía que seguía algún ritual mágico ya que se escuchaban gritos espantosos, gemidos, golpes, rechinidos. Saqué mi revólver, respiré hondo y de un golpe abrí la puerta, apunté directo a su cabeza y disparé sin pensarlo. Su amante se quedó paralizada, ofrecí una disculpa, tomé el cofre indicado y me retiré.

brujo muerto

Al salir me percaté que todos los guardaespaldas del terrateniente yacían en el suelo, inertes. Me acerqué para registrar a uno en busca de armas y confirmé algo: eran afros.

Esto fue apenas el inicio de esta nueva forma de vida.

Aunque por mucho tiempo no supe más de los zombies de Haití, me enteré por un contacto en Alemania, que nuestro amigo francés era un traidor a su gente y le había vendido a muy buen precio los secretos del brujo haitiano contenidos en el misterioso cofre al mismísimo Hitler.

Hitler

Los alemanes experimentaron con las pócimas y parece que algo lograron, aunque sin mucho éxito. Cuando cayó Berlín, entrando los aliados, los gringos hallaron una serie de documentos bien escondidos que describían los estudios. Los confiscaron y así los laboratorios del Pentágono desarrollaron químicos que provocaban el mismo efecto que la brujería caribeña.

FBI

Científico

Imagen del interior de los laboratorios del Pentágono, en la que se ve cómo experimentan con migrantes mexicanos.

Pude leer un informe que describe cómo el ejército norteamericano vendió ampolletas con un químico experimental a los gobiernos de diferentes países, para crear cuerpos de choque imparables, soldados o policías que no cuestionaban absolutamente nada. A México llegó ese terrible líquido, y crearon con él a los llamados “granaderos”. Era el 68 y estos ejércitos acabaron con las protestas de los jóvenes.

Zombie Gubernamental

Zombie Gubernamental

Al enterarme de todo esto sentí tal rabia: el francés no me había pagado lo justo por haberle conseguido el secreto zombie. Por puro coraje decidí acabar con esta locura, si los zombies no eran míos, no eran de nadie.

¿Cómo pararlos?. Los jóvenes universitarios no tenían la menor idea. Estos nuevos zombies eran mucho más duros y no había un brujo que los controlara, había cierta autonomía en ellos.

Aquí podemos ver cómo un estudiante fracasa en su intento de derribar al granazombie

Aquí podemos ver cómo un estudiante fracasa en su intento de derribar al granazombie

Estudié a los nuevos especímenes y concluí algo: el secreto para detener a estos muertos en vida, era cortar o destruir su cabeza. ¿Por qué la cabeza? En ésta se encuentra un pequeño cerebro primitivo que, aunque minúsculo, guía los instintos del caminante. Si no se destruye el cascarón o se separa del resto del cuerpo, no importa lo que intentes, como arrancar el resto de sus miembros, hacerle calzón chino o castigo del poste, el zombie gubernamental continuará buscándote para acabar contigo.

metodo texano 01

Kit para matar a un zombies a principios de los setentas.

metodo texano 02

Método de uso

Ojalá ahí hubiera acabado esto. La técnica se popularizó, pero al igual que pasa con las cucarachas, cuando una forma de acabarlas funciona una vez, la siguiente ya no. Los gringos le dieron el proyecto para mejorar zombies a Monsanto, y lograron un nuevo tipo. Estos seres horrendos habían sido personas cualquiera en vida, tus vecinos, tus papás, tu hermana; y si prestas atención en ellos, te darás cuenta que son difíciles de acabar por su gran habilidad, ahora que son zombies, casi parece que bailan.

El típico zombie bailarín prefería perseguir niños.

La última generación de no vivos fue la más diversa; finalmente no sólo se levantaron los muertos de sus tumbas, también la gente sana comenzó a contagiarse. Ahora hay zombies que corren, que comen cerebros o lo blandito de tu cuerpo (excelente para quitar la llantita si tienes más de treinta años).

Zombies Contemporáneos

Zombies Contemporáneos

Estos nuevos son los más peligrosos; para acabarlos un pequeño grupo de ciudadanos y yo nos reunimos para desarrollar más y mejores técnicas de combate. Las armas que encontramos fueron las mejores en ese momento, desde un bat, hasta un rifle, pero nuestros nuestras favoritas fueron siempre las armas inventadas por nosotros.

Cualquier cosa que te vendan en Tepito te sirve para matar zombies, pero si tú mismo haces tus armas, estarás promoviendo el uso de herramientas “artesanales” para la muerte sin conservadores ni gluten, apoyando así el comercio justo y local.

Cualquier cosa que te vendan en Tepito te sirve para matar zombies, pero si tú mismo haces tus armas, estarás promoviendo el uso de herramientas “artesanales” para la muerte sin conservadores ni gluten, apoyando así el comercio justo y local.

Fue una lucha intestina, y aunque logramos acabar con muchos, ellos se multiplicaban más y más. Era una pelea que no tendría ninguna salida, pero encontramos el arma perfecta.

Ya no se trataba de matarlos, descubrimos que podíamos domarlos. Aprovechamos que se reúnen en grandes cantidades y comenzamos a lanzarles mochilas del Partido Verde, pantallas de plasma, boings, tortas, telenovelas, créditos en Coppel y Elektra, teléfonos celulares con feisbuc y esnapchat. Actualmente ya no atacan a nadie y si se les sabe dominar bien, hasta pueden votar por ti.

Finalmente decidí separarme de este grupo y dedicarme a otras cosas que, aunque no me dejan dinero, el peligro que representan llenan de más adrenalina mi vida, tipo escribir para esta revista.

Algunos dijeron cuando estábamos en batalla “ojalá Chuck Norris se hubiera unido a nuestra causa cuando esta inició, ya los hubiéramos vencido”. Sí, seguramente así habría sido, pero ¿toda esta diversión, quien nos la hubiera dado?

Dicen que con Chuck estaríamos mejor.

Dicen que con Chuck estaríamos mejor.

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Gabriel Cruz

Artista visual, gestor cultural, productor y cocinero. Se hacen trabajos a domicilio.

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