por María Medina

Siempre he sido muy observadora y me encanta enajenarme viendo cómo se desenvuelve la gente en los lugares públicos. Lo que una vez ocasionó perderme de mis papás en Disneylandia a los 7 años como por dos horas, causándoles una angustia muy poco deseada. Justo en estas épocas de vacaciones, es súper común en mí observar a los tipos de viajeros en los tan socorridos aeropuertos. Estos lugares con tanto movimiento, combinación de culturas y nacionalidades que cientos de miles de personas, y de aviones, transitan todos los días pero nadie permanece en ellos, me generan un sentimiento de nostalgia. Como estar en un concierto en plena catarsis con mucha gente en la misma vibra que tú, tu banda favorita a pocos metros de distancia y de un segundo a otro se termina y el lugar se queda desértico. Además, los aeropuertos son lugares con vibras muy diversas que energéticamente me contagian emociones así de diversas también. A veces las personas viajan con motivos increíbles como hacer el tan esperado viaje familiar del año o conocer lugares que siempre soñaron, pero a veces los motivos no son tan gratos como viajar por trabajo o por una mala noticia como la enfermedad, o incluso la muerte de un ser querido. Y esta amplia variedad de emociones en la gente genera una bomba energética en los aeropuertos difícil de describir pero muy fácil de contagiarse. Qué tal de fácil es identificar en las caras de las personas a los que apenas salen de viaje de los que vienen de regreso. Y luego nos preguntamos que por qué estamos tan cansados cuando regresamos a nuestras casas.

A modo de lectura de horóscopo, describo algunos tipos de viajeros que se me vienen a la mente al recaudar los análisis cualitativos de mis años de recorrer aeropuertos.

El dependiente.- Aquel que prefiere no viajar que viajar solo. Ni siquiera es capaz de comprar un boleto de avión si no es con alguien más. Le da pánico estar en el aeropuerto sin alguien que lo guíe para pasar el detector de metal, encontrar la sala de abordar, decidir qué comprar en el duty free, subirse al avión, etc. Le cuesta demasiado trabajo tomar decisiones solo y hasta la pasa mal si no le toca sentarse en el avión junto a su acompañante.

El práctico.- Este me cae bien. Desde que empaca, hasta la forma de vestirse está pensada en quitarse de problemas y ahorrar tiempo. Busca la maleta más chica y menos pesada, no importa si eso implica repetir ropa en el viaje. Se viste con lo que ya sabe que el detector de metal no va a sonar ni se va a tener que quitar medio outfit al pasar por este horrendo aparato. Lleva lo mínimo en su bolsa pero elige objetos útiles como mini pasta de dientes, cepillo, pluma, chicles y todo tipo de cosas que le evite perder tiempo buscándolas por todo el aeropuerto. Es el típico que lleva las formas migratorias llenas desde su casa y ni siquiera tiene que ir a cambiar dinero porque ya tiene los dólares desde semanas antes.

El impráctico.- Este sujeto empaca con la mentalidad de “por si las dudas” siempre. Así que lleva en su maleta todo eso que nunca creerías necesitar. La verdad es que si tienes algún amigo de estos es muy común que te salve de sucesos impensables justo por llevar objetos que a nadie se le ocurrirían. Pasar por el detector de metal junto a uno de ellos es toda una experiencia. Se quitan el reloj, las monedas regadas por las bolsas, el aparato dental que olvidaron dejar en su casa y hasta las suelas de sus tenis tienen metal que suena y se tardan un par de minutos pensando qué podría ser lo que sonó. Obvio paga sobre peso de equipaje casi siempre y son los que ya subiéndose al avión todavía piensan en cosas como: “híjole me faltó pasar a la farmacia, déjenme ir rapidísimo por repelente, curitas y pomada para rosaduras de bebé!”, aunque no haya ninguno en el grupo. Y ya que se sube al avión, obviamente saca su almohada para inflar, el antifaz y las pantuflas que, la neta, te da un poco de envidia.

El arreglado.- Para este tipo de viajero, visitar un aeropuerto es digno de verse bien, ante todo. Este es súper fácil de identificar porque su outfit sería el mismo que cualquier persona normal usaría para celebrar año nuevo o para un evento social importante. Claramente llevan tacones, pelo alaciado, o muy bien peinado si es hombre, y sus maletas combinan con sus atuendos. La comodidad pasa a segundo plano para ellos. Su bolsa de mano es pesadísima, pero combina re bien con el zapato. Y típico, tiene que acabar tirando su perfume, cremas y cera peinadora en el detector de metal porque olvidó sacar estos objetos de su bolsa para documentarlos en su maleta. Hacen unos corajes bárbaros, pero no por el gasto de lo que tiraron, sino por tener que aterrizar en su destino sin estos aditamentos para el retouch.

El primerizo.- A este le pasa todo porque le gana el nervio de primerizo. Empaca cosas que no se necesitan pero olvida cosas básicas como pijama, cepillo de dientes y calzones. Llega al aeropuerto y se da cuenta que olvidó el pasaporte. Gracias a Dios, por ser primerizo, llega con mucha anticipación, lo cual le da tiempo de mandar en Uber todo lo que olvidó. Está tan nervioso que revisa la sala de abordar cada 5 minutos y el pobre casi casi no va al baño porque le da miedo que lo deje el avión.

El confiado.- Si ves a un cuate corriendo como loco entre las salas de abordar o el duty free, probablemente sea uno de estos viajeros que se confió con la sala de abordar que le dijeron que podría cambiar pero no volvió a checar la pantalla en dos horas. Ni cuenta se dio del cambió hasta que escucha que lo vocean porque es el último pasajero por abordar el avión. Es el típico que se pica viendo un partido en un bar y muy probablemente lo deje el avión o se suba de milagro porque el piloto decidió hacer doublé check de la turbina. Son una belleza porque además tienen suerte, salen de sus casas con el tiempo justo y aun así, ni los deja el avión, y todavía les da tiempo de documentar y de desayunar algo!

El intenso.- Este personaje no para. Es el primero en llegar a documentar, el que cuenta a los integrantes del grupo a cada rato para que nadie se pierda. Es delicioso estar con uno de ellos porque se ofrece para ir por los cafés, por el desayuno, a revisar la pantalla por si cambia la sala de abordar, pregunta mil veces todo, llena las formas de todo tipo por todos y hasta te consigue upgrade. Y al llegar a tu destino, ya tiene organizado el uber que va a recoger a todos.

El precavido.- Aquel que llega muchas más horas antes de las que te piden al comprar los boletos de avión y que no se separa de una pantalla para revisar que el vuelo, la sala de abordar y el horario no sufran algún contratiempo. Previenen tanto que ya tienen plan b y c por si se retrasa o cancela su vuelo.

 

Aunque es energéticamente agotador hacerlo, dejaría de ser yo si no estuviera siempre pendiente del comportamiento de la gente en los lugares más socorridos. Soy la típica que se da cuenta cuando una pareja se está peleando o que escucha la discusión de los de la mesa de junto. Pero la neta, es apasionante ver cómo convergen simultáneamente tantas culturas y cómo en este espacio todos, sin importar raza, idioma o religión, nos convertimos en viajeros del mundo clasificados por pasaportes de diferentes colores. Seguramente hay más tipos de perfiles divertidos que no se me vienen a la mente, pero estoy segura de que todos nos podemos identificar con alguno(s) de estos.