por Stefa Wefa

Una mañana mientras que pasábamos vacaciones en casa de mis papás, los libros de la biblioteca de la sala amanecieron misteriosamente reacomodados bajo el criterio más bizarro. No estaban organizados ni por autor, ni por género, ni siquiera por tamaño. Estaban acomodados por color.

Finalmente como a las 1 de la tarde, mi hermano salió de su cuarto, con unas ojeras que le hacían la competencia a las de Beetlejuice y confesó que en una ataque de insomnio pasó toda la noche reacomodando los libros en base a sus tonos.

Y la verdad, es que a nadie le molestó que los libros de cocina estuvieran revueltos con las obra completas de Jean Paul Sartre, o que los álbumes de fotos estuvieran revueltos con los libros de Arte y Arquitectura, o que los libros de fotografía erótica estuvieran socializando con los lo manuales para programar HTML. Es más hasta la agonizante Guía Roji tenía una presencia estelar en ese librero.

Era como si un arco iris hubiera vomitado en la sala… y la verdad era algo realmente hermoso. El librero se convirtió en la pieza central de la sala. Ok, segunda pieza central. Como todo buen hogar mexicano la verdadera pieza central es la TV.

Desde aquel día, he tratado de arreglar mis libreros de la misma manera y he notado otros lugares donde también lo hacen. Es realmente fascinante encontrar las pautas que mejor funcionan con tu acervo y poder jugar no sólo con el color, pero también con otros factores como el grosor, el tamaño, el balance, etc. El proceso de ordenar los libros de esta manera para mi llega a ser terapéutico. Es más me tomo la tarde para hacerlo, ambientándome con un buen playlist y una copita botella de vino.

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Mi librero. Mi terapia.

 Mi hermano no era la primera persona que hacía esto. Desde hace años ha existido esta tendencia en el diseño de interiores de usar los libros como piezas decorativas. Pero lo crean o no, como absolutamente todo en esta vida, hay haters que insisten que acomodar libros por color sólo te convierte en poser literario. En un intelectualoide superficial.

Seamos honestos, esto no es nada nuevo. De una manera u otra, todos tenemos los libros bonitos a la vista. Existen los famosos coffetable books, que exhibimos en nuestras salas como si fuera ese vestido que nos pusimos para opacar a nuestra prima en su boda y luego tenemos pocketbooks o los manuales, que literalmente son como los pants viejos que usamos diariamente para dormir. Ambos nos son muy útiles, pero queremos que el público nos vea con el que mejor nos luzcan las pompas… OK creo que la analogía está un poco volada pero ustedes me entienden.

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No es recientemente con esta tendencia de acomodar los libros por color que empezamos a discriminar nuestros libros por lo físico. Esto lo venimos haciendo desde los orígenes de la imprenta. Recuerdo cuando viajé en el tiempo para visitar a Gutenberg. Él tenía una copia divina del la Santa Biblia, con pasta de cuero de unicornio virgen y las letras bordadas con hilos de oro exhibida sobre un atril a la entrada de su casa. Precioso el libro, pero si le pedías prestado su copia de Idiot´s Guide to Rennaisance, el sacaba el soso libro de un closet. Y claro Jonas tenía en display su gran y amarilla colección de National Geographics para “mostrar” que era una persona muy culta. Así que al igual que la ropa, los libros también pueden tener una función aparte de la práctica para nosotros. Aunque la gente lo considere superficial, también cargan un peso es su estética. En pocas palabras, a veces sí juzgamos a los libros por su portada. Así que como todo, hater´s gonna hate, si no les gusta como se ven los libros que no están acomodados por orden bibliográfico, pues que se yo, vayan y comprénse un Kindle. Yo mientras tanto estaré en mi terapia bibliográfica acomodando libros rosas con morados.

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Oda a Purple Rain de Prince. Foto: Alejandro Durán

Algunos tips para acomodar los libros por colores:

  1. Antes de acomodar separa por tonos. Además deja de lado los libros blancos y los negros. Esos te ayudarán a rellenar al final.

 

  1. Deja fluir el acomodo. No te aferres a un plan, verás que estarás acomodando y desacomodando antes de llegar con el diseño que más te gusta.

 

  1. Evita acomodar todo como un arco iris horizontal. Acabará pareciendo una plasta. Juega con bloques y las orientaciones de los libros para crear ritmo.

 

  1. Deja espacio para colocar otros objetos como floreros y estatuillas que pueden complementar tu acomodo.

 

  1. Tómate tu tiempo para hacerlo. Disfruta el proceso. Si lo haces con prisa no quedará tan padre.