por Chava Juárez

Tengo la fortuna de pertenecer a una de las últimas generaciones chilangas que todavía tuvo la oportunidad de crecer con todos sus amigos jugando en los baldíos, las calles, los montes y entre los árboles, dejando volar nuestra imaginación sin limites. Tengo muy buenos recuerdos de todas las aventuras que he vivido en la naturaleza, desde acampar en el jardín de mis papás cuando era un pequeñín hasta las largas caminatas de kilómetros en los bosques de Canadá o las noches de fogata en las playas del Pacífico.

Todas estas horas de incontables aprendizajes, me han permitido desarrollar un amor y respeto por la naturaleza, sus procesos y sobre todo a ser humilde ante algo tan maravilloso y hacerla parte de mi vida.

Cuando me convertí en papá, me di cuenta de cómo han cambiado las generaciones urbanas posteriores a la mía, cómo están educadas y cuál es el impacto que ha tenido la tecnología en su enseñanza y la manera de percibir el mundo. Fue en este punto en donde entré en pánico al darme cuenta de lo desconectados que está la juventud actual de la naturaleza: la disminución de parques en las ciudades, el absorbimiento en un mundo de pantallas, donde el contacto vis a vis con otras personas va desapareciendo. Este mundo tan “tecnológico” que los priva de experiencias maravillosas que están afuera, elementos que sólo pueden ser aprovechados de un modo físico, en donde hay árboles esperando a ser conquistados, tierra para construir castillos y fuertes, palos para hacer espadas, etc. Conocen muy bien la naturaleza a un nivel teórico (libros, fotos, videos, infografías) pero su relación con ella es mínima y solamente un puñado de ellos tendrá esa gran oportunidad de conocerla a detalle y apreciarla por lo que es.

Sinceramente, no quiero que mi chamaco crezca pegado a una consola o un celular, siendo sedentario por decisión de conectarse a un mundo virtual. Quiero que tenga la oportunidad de conocer la magia de la naturaleza que nos rodea y que aprenda a cuidarla y respetarla, y comunicar todo ese conocimiento, así quizás él y su generación puedan hacer un mucho mejor trabajo que nosotros en un intento por salvarla.

Con este gran temor en mi cabeza, mi única solución parecía ser mudarme fuera de la Ciudad y esforzarme más por brindarle a mi hijo la oportunidad de convivir diariamente con la naturaleza. Unos sacrificios por otros.

Pero platicando del tema con un amigo (que se ve que de chamaco pasó mucho mas tiempo que yo en la naturaleza), me recomendó un libro que me ayudó a tener una visión mucho más clara el tema (“Last child in the Woods” por Richard Louv) y corroboró la impresión que ya tenía del desarrollo y la educación de las nuevas generaciones modernas.

En verdad los niños están perdiendo ese contacto con la naturaleza y por consecuencia sus valores, experiencias y amor por ella. De hecho existe un término denominado nature déficit desorder (desorden de déficit con la naturaleza), en donde hemos permitido que los niños vivan conectados y proyecten enfermedades de sedentarismo como la obesidad infantil, desorden de atención y depresión entre otras cosas.

Por fortuna, el libro no sólo describe lo que yo ya percibía en nuestra nuevas generaciones, también ofrece una serie de recomendaciones sencillas para desarrollar apreciación por la naturaleza y un buen sentido de comunidad, sin la necesidad de un cambio extremo.

Aquí les comparto algunas ideas que podemos aplicar con nuestros hijos, una inyección de Vitamina “N” que puedan tomarse con la familia, en la escuela y la comunidad. Todas estas ideas no son nuevas pero crean un buen compendio para comenzar a actuar inmediatamente (esta lista está basada en el libro mencionado).

-Ensúciate de lodo, pasto y todo lo que te rodea

-Genera un ecosistema con fauna y flora en donde vives,

-Utiliza la naturaleza como un antídoto para el estrés

-Cuéntale historias a tus hijos sobre tu lugar especial en la naturaleza para que busquen el suyo propio inspirados en tu experiencia

-Enseña a tus hijos a descubrir esos universos escondidos (insectos, plantas, animales, etc)

-Revive tradiciones como atrapar y liberar luciérnagas por la noche

-Adopta la regla del día soleado (si hay sol los niños tienen que estar jugando afuera y desconectados de todo aparato)

-Hagan una caminata por la naturaleza

-Realicen un gran día de camping con fogata

-Hagan caminatas con la luna llena

-Enséñales fotografía silvestre (muy sencillo y cautivador para los niños) Construyan una casa del árbol

-Adopten un árbol especial para la familia (siempre regresarás a él en fechas especiales y lo cuidarás)

-Planta un jardín y cultiven algunos frutos juntos

-Vayan de vacaciones a algún lugar en donde se pueda vivir la naturaleza todo el día

-Involúcralos con los scouts o asociaciones similares

-Lean en el pasto a la sombra de un árbol

-Vayan de pesca

-Coleccionen tesoros naturales (piedras, escarabajos, hongos, etc.)

Estas dinámicas ayudarán a darle su dotación de vitamina N a la infancia urbana. Nuestros niños son brillantes y nosotros somos los que tenemos la obligación de cimentar las bases de su educación y parte de ella es mostrarles la importancia de la naturaleza, que seamos sinceros, son el cimiento de la vida propia.