por Stefa Wefa

Durante el primer año de vida de Max, mi hijo, tuve que viajar muchísimo en avión con él, ya sea por chamba o por razones personales.  Es más, creo que mi hijo ya juntó suficientes millas para un vuelo redondo en primera clase México- Dubai (aunque no tengo ni idea de qué haría Max en Dubai).

El prepararme para el primer viaje en avión de Max fue sumamente estresante: ¿Si se me olvidaba algo? ¿Si Max se llegaba a sentir mal? ¿Si perdía el vuelo? Ya saben mi cerebro se hacía esas mega chaquetas mentales en las que crees, que tal vez porque se te olvidó empacar su trapito favorito, tu bebé se va a poner a llorar como desquiciado y va a llorar tanto que va a vomitar sobre ti y a la persona a tu lado le va a dar tanto asco que va a vomitar también y va a causar un a reacción en cadena al estilo de la peli de Stand by Me en la cual por el olor todo el avión va a empezar a vomitar y cuando el piloto salga de su cabina a ver qué está pasando se tropiece con la guácara y se quede inconsciente y por lo tanto no habrá nadie que aterrice el avión y se estrellará. Ya saben, esos hilos de pensamiento súper normales en una mamá primeriza.

Haces todo para prepararte. Empacas como si fuera mudanza, cuando sólo te vas un fin de semana. Compraste todo los artículos que se ocurrieron para entretener a tu bebé en un vuelo desde 3 meses antes. En fin pareces gitana. Pero la verdad, lo más probable es que todo salga bien.

Y tengo que decir 9 de 10 veces, viajar con Max ha sido bastante tranquilo, comió bien, durmió durante el vuelo y lloró poquititito (porque seamos realista, una mujer que trae un bebé que no llora nada en un vuelo de 8 horas, no trae un bebé, trae una Cabbage Patch o un Nenuco). Las primeras 9 veces viajar con Max fue una experiencia digna de presumir en cualquier blog de maternidad, donde quieres que todas las mamás te odien de celos porque engendraste al pasajero perfecto. Y luego llegó ese fatídico vuelo Vancouver- México.

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El pasajero perfecto… hasta que se despierta.

Era un vuelo de 5 horas. Todo iba sumamente bien. Abordamos sin ningún problema, tuvimos la suerte de que nos cambiaron de asiento y nos tocó un hilera sola para nosotros. Max comió una botana que le llevé, destruyó ojeó una de las revistas del avión, vió un rato sus caris en el Ipad y durmió 2 horas seguidas. Hasta el momento había sido una experiencia tranquila. Cuando despertó, empezó a llorar un poquito por que tenía el pañal sucio y como todavía quedaba como una hora de vuelo decidí ir al baño para cambiarlo. En el baño, tuve la suerte de que había cambiador – y cuando me refiero al cambiador de un avión, me refiero a una tablita mini toy, donde cabe perfectamente un bebé… de ratón.

Cuando abrí el pañal, me encontré con la gran sorpresa de que su pequeña caquita, era todo menos pequeña: era la madre de todas las cacas. Era como si Java the Hut se hubiera materializado en el pañal de Max.

Me disponía a cambiarlo y limpiarle el culín cuando de la nada empezaron las turbulencias. Al principio eran leves así que nada más agarré bien a Max para que no se fuera a pegar contra la pared, pero de la nada esas pequeñas turbulencias se convirtieron en fuertes agitadas con pequeños momentos de lo que yo sentí que eran caídas libres. Parecía que Godzilla se hubiera encontrado con nuestro Boeing 747 y lo usara como maraca para bailar rumba (Godzilla, aunque es asiático tiene muy buen ritmo por si no lo sabían).

El pánico, me llevó a levantar a Max (sin pantalones sin pañal y con popó batida) quien empezó a llorar, y resguardarlo en mis brazos, seguido inmediatamente de una azafata que golpeó la puerta para que saliera inmediatamente del baño por las turbulencias. Abrí la puerta y la azafata sólo me agarró y me jaló a la vuelta del baño (ya saben la guarida de las azafatas donde guardan todos los carritos con comida y cuchichean todo el tiempo ignorando que has presionado el botón para que te regalen un poco de agua), bajó uno de sus butacas y me sentó y me puso un cinturón de seguridad de esos que parecen de paracaidista— tengan en cuenta que todo esto pasa mientras que Max sigue con el culo al aire con caca aguada pegada (la cual ahora está embarrada en mi suéter) y el avión moviéndose cual trasero de Miley Cyrus twerkeando. Eventualmente, las turbulencias pasaron, pero me pidieron de inmediato que regresara a mi asiento porque ya íbamos a aterrizar. Pasé rápido al baño, para acabar de cambiar a Max, pero no había remedio: el pañal con Java the Hut, había bailoteado junto con las turbulencias por todo el baño y había embarrado la ropita, el pañal nuevo de Max y las páredes plásitcas del WC. Ese pobre baño parecía escena de crimen al que ni siquiera Grisom de CSI hubiera querido entrar.

La azafate ejercía presión para que regresara a mi asiento y me abrochara el cinturón, por lo que no me quedó más que hacer a Max taquito en una de sus cobijitas y esperar a finalmente aterrizar para que la pesadilla acabara. No está de más mencionar que cuando me recibieron en el aeropuerto mis papás emocionados de ver al nieto, les tocó recibir a un taquito de popó.

En fin, está anécdota es tan sólo una excepción en general pero aprendí algunas cosas a lo largo de mi experiencia personal. Así que aquí les tengo algunos tips si eres mamá primeriza que puede que ayuden a visualizar y a prepara tu viaje con un bebé.

  1. Carga toallitas y sanitizer. Imagínate la cantidad de toallitas que vas a usar durante tu viaje y multiplícala por 5. Empaca esa cantidad.
  1. Si todavía estás dándo pecho tienes mucha suerte. Esta es la mejor arma en un avión. Úsala sin escatimar. Para comer, para calmarlo, para arrullarlo. No importa si tienes a un alto clérigo de la iglesia o un jeque árabe en el asiento de al lado. Estás en todo el derecho de darle pecho a tu pequeño, sin pena alguna.
  1. Carry On: Lleva en tu carry on por lo menos dos cambios de ropa para tu baby. No importa si tu destino sea el candente desierto del Sahara, incluye suéteres, ya que recuerda que a los aviones les encanta poner el aire acondicionado con todo. Lleva por lo menos un cambio de ropa para ti. Los bebés escupen y vomitan y el Consejo Imaginario de Rebeldes Neonatos les otorga 20 puntos a cada bebé que le atine a su mamá como blanco (¿no lo sabían?. Si tienes de casualidad ropita vieja de tu bebé mejor úsala, ya que en caso de que haya algún tipo de accidente popososo, puedes tirarla a la basura, en lugar de meterla de regreso a tu maleta y apestar todo.
  1. Si ya está empezando a comer sólidos, llévale la comida que más le gusta. El avión no es el momento para estar lidiando con ver si por fin va a querer comer tu papilla orgánica de col de Bruselas. Además lleva papitas, chocolates, o paletas. Te ayudarán a chantajearlo a que se calme o que se porte bien.
  1. Si ya está interactuando con tu celular o con el IPAD, llévalo. Este no es el momento para preocuparnos en los efectos secundarios que tendrá el que vea una pantalla por una hora y media seguida. Te juro que en un futuro si tu hijo no pasa tercero de primaria, no tendrá nada que ver con que haya visto por horas las caris de la Gallina Pintadita en el avión. Además acuérdate descargar todos los contenidos o videos que sólo funcionan cuando hay internet y de cargar la batería. No hay nada peor que sacar el Ipad, prenderle el boiler a tu bebé y que sólo tenga un 1% de vida.
  1. Si es de los que todavía no gatean, escoge un asiento de ventana, para que puedas recargarte y acurrucarte. Si es de los que están empezando a gatear o caminar, escoge un asiento de pasillo y déjalo romear un poco. Que no te de pena usar los pasillos (siempre y cuando no estorbes demasiado o que las nazis de los carritos de comida no te pidan que te sientes). El pasillo es un gran lugar para desahogar la necesidad de movilidad de tu baby y además si todavía es de lo que se arrulla mientras que lo cargas, te da ese espacio para hacerlo. Si tu bebé está ya empezando a gatea, no te estreses, déjalo gatear en el piso y cuando acabe usa sanitanizante o toallitas para limpiarlo (ya se que hay las freaks de los gérmenes que están leyendo esto están echando los ojos para atrás diciendo pobre loca, pero les juró que yo lo hice y Max estuvo perfectamente bien- no le dio salmonela, ni difteria.) La movilidad es sumamente importante, tanto para ellos, como para ti.
  1. Deja que la gente te ayude. Que no te de pena aceptar la ayuda, si la señora de al lado quiere ayudarte cargando al bodoque, acéptalo, te juro que no se lo va a robar – no hay a donde ir. Además apreciarás mucho esa ayuda cuando necesites ir al baño. Obviamente si no te late la vibra de la persona, no lo hagas. También aplica la excepción de las personas que parezcan estar enfermas. Pero la verdad es que las personas que a mi me han ofrecido ayuda, han sido súper lindas y hasta me han ayudado a entretener y hacer reir a Max.
  1. El bebé muy posiblemente va a llorar, pero no te estreses. No importa lo que la demás gente piense. Sí caray, serás la señora con el bebé que llorá en el avión, pero no te mortifiques, es más importante que tu estés tranquila, para poder tranquilizar a tu bebé a que te estrese la mira punzante de otras personas. Además velo de esta manera, seguramente ellos fueron bebés y seguramente también lloraron y molestaron a personas en espacios público. Y si llegan a decir algo con respecto a el llanto de tu bebé, mándalos a volar literalmente (jaja ¿entendieron mi juego de palabra?, ¿a volar? ¿avión? ¿no? ¿muy teto?) y de paso dile a la azafata que le darás una propina si le ofrece insistentemente bebidas alcohólicas al quejumbroso para que se pasonée… de preferencia con éter.
  1. La cambiada de pañal en avión es un dolor de ovarios. Pero hay cosas que pueden ayudar. Primero: intenta cambiar el pañal de tu bebé justo antes de abordar el avión. Segundo: trata de ponerle ropa de súper fácil acceso a tu baby, es decir, si por unas horas puede estar con ropa normal, sin onesie, aplícalo. Pijamines que tienes que tienes que desabrochar desde arriba para poder cambiar el pañal. No las uses. Acuérdense, el tip es acceso fácil. Y por último, si tienen la hilera desocupada, o encuentran una hilera desocupada en el avión, que no les de pena y cambia el pañal ahí (claro con una cobijita abajo). Los cambiadores de los aviones (sí es que tiene cambiador) son más pequeños que una tabla para picar verduras y no son nada cómodas.
  1. Cuando entres al avión se lo más cordial y sonriente con la gente. Si tu bebé está de buenas déjalo “platicar” e interactuar y “ligar” y mandar besitos y saludar y hacer todas las mondas que sabe hacer. De esta manera, si llega a llorar o hacer algún desastrito, la gente ya estará por origen involucrada emocionalmente con ustedes y será moralmente más difícil para ellos hacerles alguna jalada o quejarse públicamente.
  1. Si ya está en edad de usar las carreolas de paraguas, viaja con ésta en lugar de con tu carreola del diario. Son más lígeras, más fáciles de manipular y más fáciles de almacenar.
  1. Algunas personas insisten en que lleves entretenimiento nuevo (muñeco, libro, app, película) para que tu baby se entretenga. Yo soy lo contrario. Lleva contigo el entretenimiento que ya conoce y con el que sabes que más va a jugar. Imagínate que llevas puro entretenimiento nuevo y nada le gusta. Te sentirás perdida. Por otro lado ten por seguro que tu bebé pasará varios minutos jugando con lo que se encuentre frente a él incluyendo la revista del avión. Si la empieza a romper, no te mortifiques. Son gratis. GRATIS.

Viajar en avión con un bebé es una apuesta, pero lo más probable es que la suerte esté de tu lado, así que trata de no estresarte demasiado, por que acuérdate que los perros y los bebés huelen el miedo y el stress. Así que toma asiento, relájate y pídele una cerveza sin pena a la azafata. Seguro te ayudará.

 

*Este artículo fue publicado originalmente en el sitio www.wefaysusnuevededos.com