Por Gabriel Cruz

 

Despertar  y levantarte pensando que esa persona sigue en casa es lo normal. A veces crees que sientes su respiración en la oscuridad; en ocasiones, que la escuchas hablar, que te dice las cosas que no alcanzó a decirte antes de partir. Es normal que extrañes a quien ya no está en tu vida; sería raro que no sintieras que el corazón se te parte en mil pedazos cuando sabes que nunca más podrás tocar su mano y ver sus ojos. Quisieras que estuviera allí para poder decirle que sientes mucho las cosas que hiciste y la lastimaron. El ciclo de la vida, al menos en este planeta, es así, cruel para los humanos. La gente a la que amamos se va, muere y nunca más regresa.

Conor es un adolescente que está a punto de sufrir una de las peores pérdidas que alguien puede enfrentar, la de la madre. Su vida no es sencilla: sus padres están separados; su abuela, quien tiene un carácter muy diferente al de su madre, se está encargando de su cuidado; su padre vive en California y él en Londres; en la escuela, un chico y su banda de amigos lo han tomado de sparring y, para colmo, ni le pagan por ello. La vida de Conor se está cayendo a pedazos y no hay nada ni nadie que le ayude a contenerlo. Una situación de este tipo nos empuja a tomar todos estos elementos negativos y crear monstruos con ellos.

El monstruo de Conor debe ser igual de temible y malvado que el creado por una persona adulta. El miedo que siente por quedarse sin la única persona que lo entiende completamente es el mismo que sentimos todos. Es el mismo miedo que siente su abuela, aunque él no lo alcanza a ver; es algo similar al de su padre que no sabe cómo acercarse ante esta tragedia; es seguramente algo parecido a lo que siente su bully por razones que no entendemos. Pero Conor no tiene la capacidad, en ese momento, para escuchar, ni ver nada que no sea su propio dolor. Se encuentra encerrado en un ciclo de egoísmo que lo hace visualizarse como la única víctima en este drama, incluso sobre su propia madre. Esto, por supuesto, no le es del todo indiferente; lo poco que se permite ver de la realidad, le crea una culpa terrible. Sus acciones lastiman a otros y lo sabe bien, pero el monstruo que lo domina no lo deja aceptar que él es una víctima y, al mismo tiempo, victimario.

A Monster Calls es la tercera película del director español J. A. Bayona, quien se hizo famoso con el thriller El Orfanato (2007). El proyecto originalmente nació en 2007, cuando la escritora de novelas infantiles Siobhan Dowd sufría cáncer terminal. Ella no pudo concluir el proyecto, por lo que el escritor Patrick Ness, junto con el ilustrador Jim Kay, lo retomó para crear una pieza que mereció, en 2012, la Medalla Greenaway y el Premio Carnegie a literatura infantil. Para 2016, Ness y Bayona se unieron para hacer la propuesta para cine. El resultado fue una pieza de extrema belleza visual y enfrentamiento frontal a un tema muy complicado de tratar no sólo para un menor, sino para cualquier persona que ha sufrido la muerte de un ser querido.

Definitivamente la referencia visual del libro fue muy importante para el desarrollo de esta película. Tonos lúgubres, grises y llenos de ambientes nocturnos y lluviosos pueblan la pantalla, haciendo de la melancolía, el miedo y la culpa de Conor el ánimo general de la obra. A lo largo de la peli, el live action se mezcla con animación 3D y 2D; cada una muestra su propio carácter e intención y, en ningún momento, chocan entre ellas: el resultado de su fusión es armónico y orgánico.

En agosto del año pasado escribí el artículo Cinco películas para niños… hechas para pensar. En él cité dos filmes que me encantan, The Dark Crystal (1982) y Where the Wild Thing Are (2009). Éstas le muestran al público infantil historias oscuras y sentimentalmente complicadas. Un Monstruo Viene a Verme se suma a este tipo de cine infantil que no quiere ser complaciente y busca, en definitiva, provocar la reflexión en su público (que no necesariamente es el de los más chicos). Bayona y su equipo de trabajo español e inglés combinaron perfectamente imagen, música y guión para ofrecer, a aquellos que lo necesitan, otro punto de vista sobre los que se van, sobre cómo bloqueamos la realidad, sobre la forma en la que convertimos en monstruos a aquellos que no nos dicen lo que queremos escuchar, sino lo que necesitamos para salir adelante. Bien lo dicen en la peli: “Los humanos pueden ser bestias complicadas, creen mentiras consoladoras cuando saben muy bien la dolorosa verdad”.

Ya se que van dos semanas que les propongo ver pelis que no necesariamente nos harán reír. Justo la semana pasada les sugería una bebida reconfortante. Esta vez seré más específico: beban una taza de chocolate (tibio porque hace calor) y tengan un cojín a la mano para abrazar.

Título:

Título original: A Monster Calls

Dirección: J. A. Bayona

Duración: 108 minutos

Año: 2016

País: Reino Unido, España, Estados Unidos