por Gabriel Cruz

 

¿Qué mantiene vivos a los humanos? ¿El instinto?, ¿la cultura?, ¿la ciencia?, ¿la religión?, ¿la economía?, ¿el amor?

¿Qué hacemos con nuestras vidas? Si viviéramos para siempre, ¿cómo lo aprovecharíamos? El mito romántico del vampirismo es seductor desde que Bram Stoker publicó Drácula en 1897. El ser que no muere y se alimenta únicamente de sangre. Aquel desterrado del reino humano, enviado al mundo nocturno. Aquél al que todos temen y cuya figura siniestra ronda escondida entre las sombras. La existencia eterna, vivida así, debe ser muy aburrida, creo yo. Un vampiro está, igual que nosotros, lleno de pasiones y deseos pero, a diferencia de los humanos, tiene tiempo para satisfacerlos.

Hace un par de semanas les recomendaba ver la película Thrist (2009), del director surcoreano Chan-wook Park, y hacía referencia a otra estupenda cinta de chupa-sangres, Sólo los amantes sobreviven. Hasta hace poco, esta peli no se encontraba en el catálogo de Netflix, pero hace unos días, cuando estaba revisando qué ver mientras lavaba los platos en casa, ¡ZAZ! que la veo ahí. Me emocionó muchísimo, no porque quisiera verla y no pudiera, sino por saber que ya podía escribir sobre ella y compartirlo con ustedes. Era suficiente razón para alegrarme.

Jim Jarmusch, director independiente norteamericano, ha regalado a la humanidad varias películas excepcionales, todas llenas de personajes descritos por Paul Auster como “lacónicos, introvertidos y tristes murmuradores”. A Jarmusch le debemos títulos como Strangers in Paradise (1984), Night in the Earth (1991), Dead Man (1995), Ghost Dog (1999), Coffee and Cigarettes (2003) y Broken Flowers (2005). Y estas son sólo algunas de sus pelis. En 2013, después de dos años de buscar financiamiento para producir su filme de vampiros y de cambiar a Michael Fassbender por Tom Hiddleston en uno de los protagónicos, finalmente Jarmusch logró filmar en EU y Marruecos su décimo primer largometraje de ficción.

Jarmush tomó el título de su obra del de una novela que nada tiene que ver con el guion de la peli, desarrollado por el director y su co-escritor, el francés Marion Bessay. En él se describe como, teniendo la eternidad para vivir, una pareja hetero de vampiros van, vienen y entienden que, al final, en la vida sólo hay espacio para amarnos. Eve, interpretada por una de las grandes actrices contemporáneas, Tilda Swinton, es una lectora que devora textos a una velocidad vertiginosa. Vive en Tánger, Marruecos, para estar cerca de uno de sus mejores amigos y escritores predilectos, Christopher Marlowe (sí, el que escribió Doctor Fausto en el siglo XVI) y mantener con él un debate constante sobre literatura, poesía y humanismo en general. Del otro lado del mundo, en una Detroit deteriorada y en ruinas, vive Adam, la pareja de Eve, encarnado en la piel del ya mencionado Tom Hiddleston. Es un músico genio que se mantiene aislado del mundo, generando nuevas piezas que seguramente terminará dando a otro autor para que éste se las atribuya, como ya ha hecho antes con músicos de la talla de Schubert.

Only Lovers Left Alive es una obra que conecta referencias culturales muy variadas, de música, letras, ciencia, cultura pop. Todo converge en un mismo universo y se mueve a un ritmo perfecto, como ocurre en la realidad aunque nosotros, los zombies, no lo alcancemos a ver y optemos por dividir, categorizar, colocar en cajas con nombres muy claros; no nos damos cuenta que, en el mundo exterior, cada cosa que los humanos producimos es sólo un pedacito de un todo. Sólo los vampiros de Jarmusch tienen la capacidad de tomar todas las piezas y armar un rompecabezas sin una forma definida y sin fin.

Eve y Adam nos prestan sus ojos para que, mediante un constante viaje por las noches abandonadas de Detroit o de una antigua y bulliciosa Tánger, podamos descubrir que en la oscuridad y el deterioro existe un tipo de belleza que podemos disfrutar únicamente si nos lo permitimos. Como suele ocurrir en las cintas de Jarmusch, los personajes nos lanzan frases contundentes y lapidarias mientras nos llevan de un lado a otro, como en un road trip que si no es físico bien puede ser mental. Esa mirada, esas frases, ese movimiento convierten el ritmo de la película en una música constante que nos mueve en un vaivén de embriaguez.

Dos elementos importantísimos en esta cinta son la fotografía y la música. El francés Yorick Le Saux, quien ha trabajado con directores de la talla de François Ozon, estuvo a cargo de la cinematografía. Su trabajo retoma composiciones e iluminación de la pintura flamenca y romántica, dejando que una cámara estática enfatice su cualidad pictórica; esto permite que los recurrentes ambientes nocturnos de Jarmusch manifiesten la belleza que él observa en el caos revelado por la iluminación artificial. Cada una de las perfectas composiciones que vemos en la pantalla se mueven al ritmo de la música minimalista del laudista Jozef van Wissem y las rolas del grupo de rock alternativo Sqürl, formado por el mismo Jarmusch. Ambas propuestas evocan paisajes sonoros y atmósferas oníricas. La música de Wissem es el medio en el que los personajes fluyen, la de Sqürl es la materia que ellos producen.

Hace un par de meses, mi primo Felipe llevó a un amigo suyo a cenar a casa. Habían sido compañeros de trabajo en Madrid y ahora él venía de visita al país. Cenando, nos contó que ha estado trabajando como operador de cámara en distintas producciones de cine y que una exnovia lo había llamado para trabajar en una peli de Jarmusch. Sí, adivinaron, era la filmación de Sólo los amantes sobreviven. En su historia hubo dos cosas curiosas, la primera fue la traición de la ahora ex (es decir, mientras ellos grababan a Eve y Adam viviendo su romance centenario, el camarógrafo vivía una tragedia de desamor), y la segunda que, en la producción, todos los instrumentos musicales que aparecen son originales de la época a la que dicen pertenecer. Entre ellos mencionó una guitarra de Hendrix y un violín Stradivarius. Yo me dediqué a buscar información en línea que corroborara esta historia, pero no hallé nada; aun así, en pantalla podemos ver instrumentos históricos como una guitarra eléctrica Gretsch 6120. La sentencia que pronunció nuestro amigo español es más que cierta: Sólo los amantes sobreviven es una película para fetichistas.

Santo Cristo redentor, ¿qué beber con esta peli? Un hada verde, definitivamente. El efecto del absenta en el cuerpo hará que se mezan al ritmo de estos amantes vampíricos.

Título: Sólo los amantes sobreviven

Título original: Only Lovers Left Alive

Dirección: Jim Jarmusch

Duración: 123 minutos

Año: 2014

País: Alemania, Reino Unido, Francia, Grecia, Estados Unidos y Chipre