por: Mau Plaza

 “The Witch”. Robert Eggers. 1hr 33min.

Los tratados de hechicería y adoración demóniaca en el siglo XV, fueron utilizado sin parar como una fuente de autoridad por la Inquisición y en posteriores juicios contra presuntas brujas. Descritos en millares de libros, éstos contienen en sus páginas de folclore, superstición y fanatismo represivo, el material suficiente para la creación de una de las películas más inquietantes que he visto últimamente.

The Witch no maneja el formato de “horror” al que estamos acostumbrados, ya que su ritmo es mucho más pausado, lento, enfocado en un muy cuidadoso diseño de producción, una hermosísima fotografía que maneja una paleta de colores fríos y pálidos, sumado a un hipnotizante y altamente estresante score por parte del compositor musical Mark Korven; creando así una atmósfera inigualable llena de suspenso y mucho miedo hacia lo desconocido, la cual se hace más grande con el pasar del film. Este es el principal acierto de Eggers, pues aparte de usar y analizar (sin criticar) conceptos como la bondad y la fe, nos comparte el tipo de ideologías y formas de reaccionar que personas de la época, tenían en cuanto se veían amenazadas o cuestionadas por algo que no podían comprender del todo.

La joven peregrina con labios de tentación, Thomasin (impresionante Anya Taylor-Joy), no encaja en este mundo gris y monótono dominado por una voz masculina, la de su padre (Ralph Ineson -y que voz heeee-), que a su vez sigue la de un Dios implacable, misericordioso, pero que te tacha de pecador desde que sales del útero de tu madre. Ella siente que algo terrible e inexplicable le está ocurriendo. Los cuentos de brujas que le rodean, así como los cantos hacia una cabra que salta sin cesar, son la única explicación que ella puede dar a todo lo que sucede en su cabeza y a su alrededor.

Bajo el yugo de una madre conservadora que vive pegada a la plegaria hacia Jesús, comparte su techo con 4 hermanos más: un bebé de hermosos ojos azules, un par de gemelos que son un dolor de tanates, y un valiente niño pecoso y entrón.

Todos ellos comparten territorio con la bruja come-niños que, cada vez que se empacha con uno, se pone bien sabrosa y seductora.

La fotografía de Jarin Blaschke es perturbadoramente bella, sobre todo la peculiar luminosidad diurna que refuerza la delgada línea entre dos mundos: el real y el fantástico.

“The Witch” es una gran obra de terror. Lo es de una forma más pausada y sigilosa, en lugar de buscar el salto de la butaca. Aquí hay una idea bien meditada y una decisión bien ejecutada, y lo que mayor logro tiene es que es un director debutante quien fue capaz de sacarle todo el jugo con una maestría impropia de realizadores ya sumergidos en el negocio.

Se mete bajo nuestra piel y nunca terminemos de entender exactamente a qué se debe o por qué. Ese es el gran logro de ésta entrega. El que salgas de la sala de cine, con un agujero en el estómago, y con un revoltijo de ideas mezcladas en lo que crees y en lo que no.

Perfecta no es, pero por favor, más cine así y menos pen$%(/%as como la película de Angry Birds.

8 de 10.

 


Mau Plaza

Mauricio Plaza, 31 años. Director Creativo. Post Productor. Amante de las series y del cine. Fitness boy. Mentalidad de duro con el ejercicio, duro con el trabajo y comer sanamente. Puma de corazón, chelero y parrandero.

Twitter: @MauPlaza

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