por Mau Plaza

“The Wave (Bolgen)”. Roar Uthaug. 1hr 45 min.

Terremotos, erupciones volcánicas, tsunamis, tornados, avalanchas. Con su voz siempre mandona, la naturaleza no se detiene en recordarnos nuestra pequeñez en el universo. Siempre atento al show, el cine ha sabido prestar especial atención a éstos y otros fenómenos naturales, al grado de haber “creado” un formato que algunos llaman género: el cine catástrofe. Sin pretender oponerle una franca competencia en términos de lana, los noruegos intentan con este filme brindarnos algo fresco y diferente, al poner más detalle a la perspectiva humana y bastante menos a la espectacularidad de los efectos especiales. Roar logra con este twist hacer que el tsunami que está en el centro de este relato, sin perderle respeto y temor, se perciba más creíble y por eso mismo, más inquietante.

El escenario real de Geiranger -la pequeña ciudad turística al oeste de Noruega- ayuda muchísimo a brindarle este realismo del que comento. Con la siempre amenazante presencia del Akerneset -el gigante rocoso cuyos desprendimientos causaron un tsunami en 1934, destruyendo la ciudad de Tajford-, tenemos un “background histórico” para sufrirle un poco más durante toda proyección.

El lucimiento del fotógrafo John Christian Rosenlund es magnífico. Unos paisajes y contra luces de infarto. Preciosa la fotografía en este filme.

A diferencia del ya habitual formato explotado por Hollywood, “The Wave (Bolgen)” no cuenta con breves historias que pintan a cada uno de los personajes que se verán involucrados en el esperado desastre. No porque falten algunos clichés, sino porque han sido utilizados con inteligencia y moderación.

Todo gira en torno a una familia: la del -Norman Reedus noruego- Kristoffer Joner (Kristian). Un geólogo que está en ondas de mudanza después de haber dedicado años a vigilar el comportamiento de la montaña vecina y estar alerta ante cualquier aviso de la misma, tarea en la que lo han ayudado un experimentado equipo de especialistas. Con Kristian también viajaran su esposa, la sensata y serena -súper MILF- Idun; y los dos hijos: un taradete que no se despega de su patineta y sus auriculares, y una nena que lleva consigo a todos lados su osito de peluche (Awwwwwwww…). Todo irá valiendo Berta en la medida en que aparezcan signos de que ya se apestó la fiesta con la montaña.

Uthaug es fiel a su propósito: en su film no abundan los grandes efectos especiales, pero sí hay una creciente tensión. Todo en el tsunami que el filme reproduce se ve como un cataclismo natural, escalofriante, pero real. Un refrescante realismo que gana en verosimilitud y como público, se agradece la novedad ante ya tanta copia en el mundo Hollywoodense.

 

8.5 de 10.