por Mau Plaza

“The girl on the train”.” Tate Taylor. 1hr 52min.

Con la módica cantidad de más de cinco millones de ejemplares vendidos en seis meses – y contando- y con una permanencia de 20 semanas en la lista de los libros más vendidos del New York Times”, The girl on the train” de la británica Paula Hawkins, se convirtió en un best seller del que todo el mundo hablaba en 2015. Tan solo un año después, esta historia de misterio envinada de falsas apariencias y bajas pasiones, ya ha sido transformada en esa película que los fans de la novela ansiaban.

Tate Taylor es el responsable de manejar éste circo de varias pistas, tratando de mantenerse fiel a la obra de Hawkins, a pesar de mover la acción de Londres a Nueva York. Un cambio de escenario que poco afecta al desarrollo de la historia. “La chica del tren” es Rachel (Emily -chiquita mamá me enamoro me la como me caso me pierdo en sus ojos- Blunt), una mujer sumida en una profunda botella, digo, depresión, tras haber sido engañada por su esposo.
La morra se la pasa en un tren, viendo por la ventana la casa que alguna vez fue suya, y donde ahora habitan su ex y su nuevo pollito. Su afición voyerista no termina ahí, ya que también se ha fijado en un joven y apasionado matrimonio de una casa vecina, transfigurado en la cabeza de Rachel como la representación de la felicidad y vida perfecta que busca para sí misma. Conforme avanzan los minutos, el protagonismo de la historia comienza a repartirse entre los tres bombones del relato, presentándonos a Anna (Rebecca -dónde has estado toda mi vida me encantas-Ferguson, la que fuera amante del marido de Rachel y ahora ocupa su puesto como esposa frágil y abnegada; y a Megan (Haley -antes era cantante ahora me encuero para salir en pelis- Bennett), la joven y explosiva vecina que, “casualmente”, trabaja como niñera cuidando de los pequeños de Anna, a pesar de no sentir ningún tipo de empatía por los niños.

Lo que comienza como un drama con todos los ingredientes del mejor episodio de Melrose Place (juegos sexuales cruzados, adicciones, matrimonios con secretos, , traumas del pasado, mentiras, etc.) pronto da un giro hacia el thriller, desde el instante en que Megan desaparece de modo misterioso, dejando a Rachel como única testigo de lo que sucedió ese día, a pesar de estar afectada de un borrón de cassette, debido a su intenso chupe 24hrs.

El guion está sostenido sobre una estructura narrativa un poco compleja y enredosa, con flashback tras flashback tras flashback, constantes saltos en las líneas de tiempo y cruces de diferentes puntos de vista de las mami riquis, puede resultar, por momentos, agotador para el seguimiento de la trama, pero también logra camuflar una historia que, contada de forma lineal, no estaría muy alejada de cualquier telenovela barata de Telerisa.
Tate Taylor hacer gala de su excelente mano para la dirección de actrices, consiguiendo extraer magníficas composiciones del trío de damas (qué bonito sonó eso, ¿no?) con el que ha tenido el lujo de contar. Blunt hace un esfuerzo monumental y excelentemente logrado por dotar de credibilidad a su atormentado rol de Rachel; Ferguson también convence en su encarnación de la rubia heroína con ademanes hitchcockianos que va descubriendo las sombras que rodean a su “perfecta” existencia; pero sin duda, es la sensual Bennett quien acapara todas las miradas con su oscuro papel de Megan, el que más secretos esconde -y el que más booty/boobie enseña- y principal detonante del misterio que arrastra a todos a su entorno.

Ellas tres consiguen que “The girl on the train” se revele como un potente estudio de personajes femeninos nada unidimensionales, con tantas luces como sombras y capaces de eclipsar a sus compañeros masculinos.

Con una puesta en escena elegante, una atmósfera entre sexy y misteriosa, potenciada por la estupenda labor musical de Danny Elfman, y el buen hacer en general de todo el reparto, “The girl on the train” consigue mantener un buen nivel durante la mayor parte de su metraje, aunque, por desgracia, ya en sus últimas gotas, al director se le va la función de las manos y la cinta cae en los terrenos más trillados de aquellos thrillers psicológicos de finales de los ochenta y principios de los noventa.

Así las cosas, mis querid@s fisgones, la película se queda en un entretenimiento hábil, con las suficientes vueltas de tuerca y giros de guión como para mantener enganchado a su público desde el primer minuto hasta el último.

 

9 miradas sexys de 10. ¡GRRRR!