por Mau Plaza

 “Jason Bourne”. Paul Greengrass. 1hr 45 min.

Nueve años ya desde la última vez que vimos a Matt Damon interpretar a uno de los agentes más famosos con las iniciales JB. Ya saben, por James Bond, Jack Bauer o JB “Eggsy”.

Nuestro güero madreador con amnesia favorito ha regresado. El agente especial Jason Bourne resurge de las sombras, que ni agente, ni especial, pero que no importa lo mucho que trate de alejarse de las conspiraciones en las que ha visto envuelto, ni de su pasado, siempre regresan por él y lo obligan a agarrarse a moquetazos con medio mundo.

En esta ocasión, un nuevo programa de reclutamiento y programación de agentes especiales está en marcha. Iron Hand es su nombre y es la versión 2.0 de Treadstone.

La trama está totalmente actualizada en temas tecnológicos el siglo XXI: compañías que tienen accesos a todos nuestros datos son y sin consentimiento, conspiraciones que afectan a la privacidad de los usuarios de Internet, y los pinshis gringos y sus agencias de seguridad que buscan hacerse de toda esta información para “tener un mundo más pacífico” (¡Ay no te la jales dude!)

El primer tercio del filme es totalmente predecible, fallando un poco en crear la química de impacto en pantalla. Conforme avanzaba éste, todo empezaba a agarrar sabor, pero siento que nunca cuajó del todo en el molde.

Sin embargo, el tercer y último acto de la película es el que hace que la ida al cine haya valido la pena. Sobre todo para los amantes del cine de acción (como su servilleta), pues las persecuciones en auto y peleas son extraordinarias, valen mucho la pena ya que logran esa química de impacto a la perfección, aumentando la tensión hacia un desenlace tranquilo y sutil.

La trilogía de Bourne se fue construyendo (en su gran parte) por el trabajo en guión de Tony Gilroy. Capítulo tras capítulo íbamos desenmarañando más sobre el origen de David Webb, quitando piezas del camino hasta llegar al climático último acto con “Ultimatum”, dejándose ir como gordo en tobogán con la acción: sin freno, pero con una sencillez magnífica porque sólo tenía un objetivo: descubrir al informante para llegar a la CIA. Lo que sucede con esta nueva entrega es que estamos comenzando de cero y en pendiente. Greengrass junto con Rouse -una extraña decisión que éste sea su primer crédito como escritor- construyen la historia, pero, para generar el suspenso deben colocar diferentes piezas y escenarios que entorpecen el desarrollo de la acción, la cual está -como en cualquier película de Greengrass- presentada de manera ejemplar, como pocos directores lo hacen.

Matt Damon ya tiene bien dominado al personaje, que realmente es lo mismo, solo que un poco más – sí, más – cansado y viejo. El viejito consentido Tommy Lee Jones, que como siempre es un crack y no le debe ni le sobra nada a este personaje como Director de la CIA. Sin embargo, el fallo está presente en el papel de Alicia Vikander (les debo el chiquita mamá porque esta morra no mas no), joven promesa de la CIA encargada de la división de operaciones cibernéticas, pero de quien no se sabe sus verdaderas intenciones. Su personaje es desdibujado, plano, sin dimensión alguna.

Extrañábamos a Jason Bourne por el buen sabor de boca que nos dejó en Ultimatum. Sin embargo, verlo nuevamente en pantalla grande nos genera sentimientos encontrados: sigue dando en la mother y destruyendo escenarios de forma casi artística, pero su guión se queda casi como las veces que habla el agente a lo largo de la película: corto.

Lo que espero nunca cambie en sus películas es escuchar “Extreme Ways” de Moby recién comiencen sus créditos finales. Todo un orgasmo auditivo.

8.5 puñetazos de 10. ¡PUM