por Mau Plaza

“Deepwater Horizon”. Peter Berg. 1hr 37 min.

A lo largo de la historia del cine, este ha funcionado entre otras cosas, para recrear impactantes catástrofes y hacer que estas mismas sean conocidas por aquellos que no sabíamos de su existencia.

En esta ocasión, Deepwater Horizon relata parte de lo sucedido en uno de los desastres ambientales más graves en la historia de los gabachos, y a raíz del cual, pasaron a mejor vida once de los trabajadores que se encontraban en la plataforma petrolera.

Mark -el siempre mamado- Wahlberg encabeza un elenco en el que también sobresalen John Malkovich, Kate Hudson, Dylan O’Brien, Kurt -ya me veo bien ruco- Russell y Gina Rodriguez . La historia es contada a través de la experiencia de Mike Williams (Mark Wahlberg), uno de los trabajadores sobrevivientes de la tragedia acontecida el 20 de abril del 2010 en la plataforma que se ubicaba en medio de las aguas del Golfo de México. La peli nos muestra cuáles fueron las circunstancias que provocaron el aparatoso incidente que termino por derramar más de 5 millones de litros de petróleo al océano, al mismo tiempo que señala quienes fueron los idiotas parásitos devora billetes responsables del mismo.

Pero éste no es el eje central del film (sino, estaríamos en presencia de un documental), en cambio estamos frente a una historia de ficción inspirada en personajes reales y en detalles aportados por un artículo periodístico para The New York Times.

Durante la primera parte de la trama, Berg se encarga de pintarnos a los protagonistas principales y el entorno laboral en el que se desenvuelven. Con mucho realismo y claridad, el director describe cómo es el funcionamiento de una plataforma petrolera y las causas que generaron el desastre.

A partir del momento en que todo sale por la borda -literal-, la película nos sumerge en el caos que vivieron durante varias horas los empleados de la plataforma Deepwater Horizon. Berg hizo un extraordinario trabajo con las secuencias de acción y las situaciones de tensión; nos brinda una cátedra sobre cómo utilizar los efectos digitales a favor de la narración y no al revés -como vemos tiro por viaje en el cine Hollywoodense últimamente-.

Hablando de los aspectos visuales, la peli es impecable y sobresale por el enorme realismo con el que se reconstruyó el accidente. La plataforma petrolera se vuelve un lugar sumamente aterrador y la historia consigue generarnos una empatía con los personajes principales. Todo el espectáculo pirotécnico resulta impactante y escalofriante, pero el drama humano del conflicto nunca es descuidado.

Aunque el relato se centra principalmente en las primeras horas del desastre, Berg añade a manera de “guiño guiño”, el problema ecológico que cobró la vida de cientos y cientos de animales alrededor de la planta petrolera.

Ya para el final, y cuando tienes el corazón de pollo hecho pedazos, el filme peca de los clichés típicos del género totalmente hollywoodense: pequeños discursos desde el corazón donde las lágrimas de la familia brotan como fuente sin control, secuencias emotivas de dedos entrelazados, y la más choteada bandera gringa ondeando al fondo.

Por más de 45 min, la cinta es un bólido de explosiones y cosas volando por todos lados; una carrera contra el tiempo y la peor de las pesadillas para los protagonistas. Se convierte así en un thriller claustrofóbico en el que hay que salir, sí o sí, de una estructura en llamas cuya columna vertebral vierte chorros y chorros de líquido flamable. Casual.

9 chorros petroleros de 10.