por: María Medina

Mientras el mes pasado escribía mi artículo sobre esta forma de ejercitar el cuerpo llamada Síclo, me llamó mucho la atención mi constante énfasis en el transcurso del tiempo. Y pensando en esto, me topé con este increíble panorama en el que creo que somos muchos los que hoy en día quisiéramos manejar “nuestro” tiempo a la carta. Y eso de nuestro suena a propiedad privada, como si se ofertara en Bienes Raíces. Es decir, queremos maniobrar el tiempo a nuestro antojo según la situación que vivimos; como si el transcurso del mismo fuera variable, tan opcional como elegir entre una variedad de platillos en un antojadizo menú de un restaurante. A veces queremos que el tiempo pase rápido, a veces lento, incluso a veces lo queremos detener. Suena loco e ilógico, pero es real. Como si se tratara de elegir el término de una carne o la cocción de una pasta, según nuestro antojo del día.

Intentando ser lo más objetiva posible, creo que en términos generales, las personas desearíamos que el tiempo transcurriera más lento cuando vivimos experiencias positivas que nos causan felicidad para darle al cerebro la sensación de que estas vivencias duraron mucho. Querríamos que el tiempo pase más rápido cuando se trata de experiencias negativas que causan desagrado o infelicidad para sentir que duraron poco y finalmente queremos detenerlo cuando vivimos experiencias catárticas e inusuales que valdría la pena guardar en la memoria por siempre.

Hay muchos ejemplos que demuestran estos tres escenarios, ya que en los tres queremos controlar el tiempo, cosa que es igual de posible que no envejecer con el paso de los años. ¿Cuántas veces no quisieras que el tiempo pase rápido esas eternas horas que pasas en la oficina deseando que sea viernes, en una cita de trabajo o entrevista en que se presentan momentos incómodos que quieres que terminen cuanto antes? Cada vez que volteas a ver el reloj han pasado sólo 3 minutos desde la última vez que lo viste y sientes que pasó 1 hora. En cambio, ¿no darías lo que fuera porque en tus vacaciones el tiempo se te hiciera eterno para sentir que esa esperada semana se sintiera como si hubiera sido un mes? Y todavía siendo más clavada, ¿no te ha pasado que al vivir alguna experiencia sorprendente y poco común en tu vida, si tuvieras el poder de hacerlo, detendrías el tiempo para poder contemplar, de manera consciente, eso que estás presenciando. Son esos momentos claves que se graban en tu conciencia y te marcan para toda la vida. Estas veces que nuestros papás o abuelos hablan con gente de su generación y te parece lo más aburrido y predecible que se digan entre ellos frases como “Te acuerdas del CHEVROLET 75 que tenías cuando salimos de la universidad en el que nos fuimos a Acapulco en el 79”? ¿What? ¡Se refieren a los coches como personas con todo y año de nacimiento! Yo no me acuerdo del año que es mi coche actual, ¡ya parece que me acordaría del que tuve hace 40 años! Seguramente ese momento lleno de cargas energéticas grabaron imágenes en la memoria de nuestros papás y ellos hubieran querido detener el tiempo para disfrutar, contemplar o compartir eso que estaban viviendo. En mi caso, las veces que vivo esta sensación de querer detener el tiempo, y además sé que platicaré de esto con mis amigas en 40 años, van de la mano de experiencias relacionadas a temas que me apasionan, así que busca generar esta sensación con actividades que te hagan sentir lleno, libre y feliz.

Umberto Eco escribió mucho sobre la temporalidad, y me gustó esa idea que leí algún día que nos describe como seres desacostumbrados al trayecto, es decir, a la espera. Antes las personas viajaban en barco o tren, y esos trayectos los vivían como un presente. Nosotros viajamos en avión y desesperamos cuando vemos que todavía faltan horas para aterrizar en nuestro destino. No vivimos esos trayectos como un presente sino como una herramienta para trasladarte de un lado a otro de la manera más inmediata posible. Queremos, consiente e inconscientemente, reducir el tiempo, acortarlo. No sé si la industria tecnológica se ha ido adaptando a nuestras necesidades, siempre cambiantes, o si esta nos siembra dichas necesidades con tantos avances que muchas veces no estamos listos para adoptar, y algunas veces no podemos digerir sino hasta tiempo después. Por ejemplo, a mí me sigue causando conflicto que estén desapareciendo los cuadernos y plumas en las universidades, todo mundo toma apuntes en sus computadoras. Creo que no estoy tan preparada todavía.

Lo mismo pasa con la comida rápida, la manera en que las universidades enseñan y la forma en que nos ejercitamos. Mientras más rápido pase el tiempo mucho mejor! y menos pierden nuestra atención. A veces al terminar de comer siento que lo hice más rápido de lo que transcurre el tiempo. Deberíamos hacer pausas más seguido para concientizar cualquiera que sea la actividad que estemos haciendo. Porque además, el vacío existencial está en el pan (o quinoa) de cada día, y nadie está exento de su contagio; el querer manipular el tiempo compulsivamente para crearnos satisfacciones instantáneas, o ahorrarnos sensaciones negativas, es uno de los síntomas de esta infecciosa enfermedad.

Mi punto no es encaminar el pensamiento hacia cambiar nuestra realidad ni mucho menos afirmar alguna postura sobre la búsqueda de ajustar la percepción del tiempo en nuestra mente. El hecho de querer que el tiempo pase rápido o lento según la circunstancia, o querer detenerlo, es una realidad de nuestra esencia, no es malo ni bueno. Por lo tanto, disfrutémoslo con conciencia, sin frustrarnos cuando vivamos situaciones negativas que nos hagan sentir que el tiempo es eterno ni deprimirnos cuando algo increíble terminó pareciendo que duró lo mismo que un estornudo. Se trata de abrir cuestionamientos que nos ayuden a entender una realidad de la divertida época que nos tocó vivir. Y también de no engañarnos creyendo que el tiempo que nos queremos apropiar es “nuestro”.

Creo que vale mucho la pena que, el día que nos muramos, lo hagamos sabiendo que disfrutamos del paso del tiempo con sus buenas y malas experiencias, y sentirnos orgullosos de haber vivido muchas que nos arrebataron el aliento, deseando que este se detuviese un rato.