por Gabriel Cruz

 

Recuerdo que odié la preparatoria. Me chocaba el director, la mayoría de los maestros, las clases, las instalaciones. De la prepa rescato algunas materias y, sobre todo, a los amigos. Tuve un pequeño grupo de amigos sólidos a los que sigo frecuentando y queriendo mucho. Pero, al final, había algo en la escuela que no cuadraba con nada y eso que no cuadraba era yo. En inglés hay una palabra para ese tipo de personas: WALLFLOWERS, los raros, los diferentes.

Actualmente, hay un sinfín de películas sobre wallflowers con historias más o menos creíbles. Cada una retrata a personajes que, por su comportamiento, no encajan en la norma y que crean sus propias reglas para poder subsistir.

Stephen Chbosky, un joven guionista gringo, retoma el tema con una mirada fresca. En su época de universitario, tuvo como mentor a Stewart Stern, guionista de Rebelde sin causa (1955). Tiempo después, cuando ya trabajaba en jolibud de forma más o menos regular, Chbosky inició la escritura de su primer y, hasta ahora, única novela, The Perks of Being a Wallflower. En 1999, cinco años después de haberla iniciado, fue publicada por la editorial MTV (sí, esa empresa que, en ese entonces, también era un canal de TV en el que los outsiders podían escuchar buena música). Para 2011, el señor guionista y novelista logró dar un salto más en su carrera: no sólo adaptó su novela para el guion de la película, sino que también la dirigió.

En esta pelí somos testigos de un momento complicado en la vida de Charlie, un chico de quince años que acaba de perder trágicamente a su mejor amigo. Al ingresar a un nuevo colegio, deprimido y sin poder conectar en intereses y emociones con sus compañeros de clase, se refugia en sus clases de literatura y en un pequeño grupo de segregados estudiantiles (wallflowers) liderados por Sam, una chica llena de energía y depresión, como canción de The Cure. Charlie, por supuesto, se enamora de ella y cómo no, si a Sam la interpreta Emma Watson. Llenos de todos los clichés necesarios para que cualquier rechazado social se sienta identificado (por lo menos en el microuniverso escolar), los personajes de esta película nos recordarán a muchos ex-compañeros.

Más allá de presentarnos un ensamble atípico en la narrativa, Chbosky nos regala un montón de momentos llenos de nostalgia, perfectamente acompañados por excelentes canciones de brit pop setentero-ochentero, interpretadas por The Smiths, New Order, Cocteau Twins, David Bowie, entre otros. El momento épico de la peli es cuando vemos a Emma Watson parada en la caja de una pick-up que avanza a gran velocidad, con los brazos levantados y oyendo a todo lo que da la voz de Bowie, diciéndonos que podemos ser héroes, sólo por un día.

Las situaciones por las que atraviesan los personajes no son extrañas, ni ajenas, pero sí nos dan una idea clara de lo complicada que puede ser la vida en la adolescencia, al menos a los ojos de un chico de quince años.

Tal vez sin el ruido que hizo en su momento Dead Poets Society (1989) y lejos de la furia anárquica de Fight Club (1999), la peli de rebeldes incomprendidos de este oriundo de Pittsburgh nos presenta una historia sincera y sin mayores pretensiones. The Perks of Being a Wallflower es nostálgica, para poder acercarnos a la generación X, y cruel con la realidad joven, como para conectar con los millenials.

Las ventajas de ser invisible está hecha para los que cruzamos por la adolescencia siendo los wallflowers (y, sobre todo, a inicio de los noventa), aunque, claro, el simple hecho de ser adolescente ya nos convierte en incomprendidos.

¿Con qué ver esta peli? Una malteadad de chocolate es la opción ganadora.

 

Título: Las ventajas de ser invisible
Título original: The Perks of Being a Wallflower
Dirección: Stephen Chbosky
Año: 2012
País: Estados Unidos.