por Gabriel Cruz

Cuando estaba en la universidad mi maestro de fotografía, Victor Monroy, era consciente de que éramos unos verdaderos pelmazos en el arte de capturar la luz en las sales de plata. Él sabía que nosotros no lo sabíamos y para dejarnos claro ese punto lo que hizo fue mostrarnos el trabajo de uno de los seres humanos que mejor ha sabido capturar el reflejo de la luz y al mismo tiempo la ausencia de la misma en la materia que nos representa: Sebastião Salgado.

 

En ese entonces, el brasileño contaba no sólo con una enorme y muy reconocida producción en la que mostraba la forma en la que la humanidad atenta contra sí misma, sino además había sido galardonado en ese mismo año (1998) con el premio Príncipe de Asturias de las Artes.

 

El impacto de poder observar sus imágenes aún me llena de emoción y me hace recordar que fue un golpe muy duro a mi ego de estudiante de artes, que por lo menos en ese momento había sido inflado de puro aire contaminado de la ciudad.

17 años después y ya con otro entendimiento de la producción de imágenes (y siendo aún un pelmazo), regresó a mí la oportunidad de tener un nuevo reencuentro significativo con la obra de Salgado. En la Cineteca Nacional se estrenaba en 2015 el documental que Win Wenders (otro de mis favoritos de mi época universitaria) y Juliano, el propio hijo del fotógrafo, habían realizado un año antes. Algo puedo asegurar, el impacto ahora fue igual de poderoso, aunque distinto en perspectiva. Casi como cuando te sale el anillo de Sauron en el cereal.

Ahora Necflics nos da la oportunidad de convertir la pantalla de la casa (o de la compu ya de perdis) en una galería de imágenes llenas de una sutil y terrible belleza.

La Sal de la Tierra es, como decía antes, un documental hecho por el alemán Win Wenders, quien en sus últimas producciones ha insistido en este formato y fue justo con su obra Pina (2011) que se consagró como uno de los grandes del género. Aunque en este caso comparte créditos con Juliano Ribeiro Salgado, el estilo de Wenders está sumamente presente.

Si bien el desarrollo de la obra nos va llevando por las distintas series hechas por el fotógrafo a lo largo de su vida, el leitmotiv de ésta parece ser finalmente la forma en la que el autor se enfrenta al monstruo del sistema, teniendo las herramientas de un economista otrora exitoso en una mano y en la otra la cámara fotográfica, usada como extensión de una visión curtida por la realidad.

Wenders y su equipo de edición nos llevan de un pasado muy duro al presente lleno de esperanza en el que el brasileño se desenvuelve actualmente, dejando que este nos narre a través de fotografías familiares integradas con lo más desgarrador de su producción la forma en la que se mezcló a punto de la mímesis con los trabajadores de una mina, indígenas amazónicos, desplazados por conflictos violentos o animales de zonas protegidas.

Cada imagen en este documental cuenta una historia por sí misma y cada una de ellas se enlazará con el resto de las que aquí aparecen, a pesar de que hayan sido tomadas en diferentes momentos. Esa es la virtud de la obra de Sebastião, la congruencia consigo mismo le permite plasmar en cada click que hace un continuum que reflejan sin lugar a dudas una filosofía de pensamiento clara y sólida. La mayoría de su producción nos lanza provocaciones de re-pensar nuestra percepción del mundo actual y la forma en la que nos relacionamos con las personas que se encuentran muy lejos de nosotros, y al mismo tiempo hay muchos chispazos de luz que nos recuerdan que los humanos pertenecemos a un ecosistema delicado, intrincado y a la vez poderoso. Ese recordatorio que Sebastião nos hace no es nuevo, pero en su trabajo se convierte en tatuajes hechos en el dorso de nuestras manos, puestos ahí para que lo veamos cada vez que las usemos para tomar algo con ellas para así transformarlo.

Competir con la fuerza de las obras presentadas en este filme hubiera sido una batalla desierta, por lo que las imágenes grabadas para presentar a Salgado en persona crean su propia atmósfera, generando texturas, formas y colores que en vez de chocar, se complementan con estas. Todo así llevado por el vaivén de una musicalización minimalista que aporta al ritmo una parsimonia llena de sustancia.

Sebastião Salgado que el año pasado sentenciara: “La fotografía se está acabando porque lo que vemos en el móvil no es fotografía. La fotografía se debe materializar, se debe imprimir, ver, tocar […] Hoy tenemos imágenes, no fotografías”, nos deja claro que en estos cuarenta años que él ha desarrollado su trabajo como fotógrafo, ha permitido la materialización de la consciencia social.

 

Para ver esta peli háganlo con su bebida favorita, yo por mi lado tendré un mezcal o un scotch… o ambos, ¿por qué no?

 

Título: La sal de la tierra

Título original: The Salt of the Earth

Dirección: Win Wenders y Juliano Ribeiro Salgado

Año: 2014

País: Francia, Brasil, Italia

Duración: 110 minutos