Por: Teban Landa

Creo que es bastante difícil precisar cuál fue realmente el primer show al que fui en mi vida. De lo que estoy seguro es que fue en Cancún, cuando estudiaba la secundaria y que fue un toquín punk rock de los Niños Feos tocando covers de Rancid. Fueron esos días los que despertaron ese espíritu subversivo y el gusto por la música distorsionada y de platillos rotos, a pesar de que por algunos momentos de mi etapa adulta he estado mucho más cerca a ser un godín en sucursal de banco que a los músicos de puño cerrado y letras de desobediencia social que tanto admiro.

Era el año de 1999 y recuerdo esa época con más nostalgia que con precisión cronológica; siendo nuevo en la ciudad y lidiando continuamente con adaptarme, mi adolescencia fue marcada por andar “vagueando” en patinetas, cargando guitarras acústicas por la ciudad, visitando amigas que nos invitaban a su casa a platicar y de las que terminábamos por asaltar su refri apenas hubiera oportunidad, tenis rotos, cerveza y toquines de 30 pesos en el patio de algún amigo, mentando madres a los policías que pasaban y escuchando bandas que se conectaban con mis emociones y conflictos con la autoridad, una etapa en la que nada me parecía difícil o peligroso. Esos días fueron en los que por primera vez logré sentirme parte de una comunidad que no encajaba del todo en la sociedad de la que tanto me quejaba.

Me queda claro que nunca me divertí tanto como en esos años de secundaria y preparatoria, en donde lo único que importaba era buscar alguna fiesta donde nos dejaran tocar, encontrar alguna manera de conseguir chelas baratas y de pasar un rato más con los amigos, aunque eso significara dormir en un sillón o regresar caminando a casa medio borracho.

Probablemente todo lo que cuento, es mucho menos radical que el movimiento Punk que surgió en el Reino Unido en los años 70 y con su ideología de protesta ante el convencionalismo de la sociedad y la crisis económica, pero a los que de alguna forma somos de la generación millenial, y que nacimos en América Latina más de una década después, terminamos llevando la misma bandera de inconformidad y protesta social, sin embargo en muchos casos yo terminé sintiéndome más ligado a lo que me era transmitido por la música de Sex PistolsThe Clash y los Ramones, que por la realidad que estaba viviendo siendo parte de una clase media en la década de los 90’s en México y no de una clase obrera en la Inglaterra de los 70’s.

Infinidad de veces se ha sentenciado que “el punk está muerto” en diferentes épocas y lugares, y más ahora en donde las nuevas generaciones lo catalogan más como una moda que como una ideología socio política. Cuesta trabajo encontrar discurso auténtico en un movimiento que se generó hace tantos años y que ha pasado de mano en mano por generaciones que vivieron realidades tan diferentes. El mundo cambia, y los contextos de alguna manera van deformando la visión que se tiene de las ideologías, de la música.

Pero entonces, si es cierto que los ideales cambiaron, y la protesta es menos radical, y la música ya tiene más de tres acordes y ya nada es como solía ser, y si los rockers se volvieron más fresas, y si los emos nos dieron mala fama, y si pasamos del underground al mainstream y después al olvido ¿quiere decir que todo terminó? Si así es, entonces, ¿Por qué existimos tantos punk rockers de 30 años? Que a pesar de tener un trabajo godín y un crédito en Coppel y dos hijos en primaria, se sigue emocionándonos porque Sum 41 viene por primera vez a México el 12 de diciembre y es una manera ideal de festejar a las Lupitas o porque MxPx y Offspring al “P’al Norte” el próximo año.

Milo Aukerman vocalista de Descendents lo expresa muy bien en un artículo de Javier Yanes para “El Huffington Post” (2014) diciendo: “¿Significa esto que los punks veteranos han renunciado a la filosofía inspiradora? ¿Al inconformismo, la disidencia, el individualismo y la anarquía?” “Ni mucho menos. La rebelión está en el corazón del punk, pero uno puede rebelarse de muchas maneras”, “Una de ellas es rechazar las normas de la sociedad, pero el punk también es la aceptación de la individualidad, y si un punk puede sacar algo de felicidad de un trabajo y una familia, mejor para él”, añade. “El punk es una espita de creatividad y una manera de sentirnos jóvenes, y si los casados con hijos y los trabajadores no tuvieran sitio para ello… Bueno, probablemente yo ya me habría suicidado” “Siempre he considerado el punk como una música más que un estilo de vida, así que es fácil ir más allá de la caricatura estándar del idiota inmaduro y drogadicto ejemplificado por Sid Vicious”

 

Y es que si bien, Sid Vicious fue un estandarte de muchas generaciones, también es cierto que los que vivimos esta época, tuvimos que seguir con nuestras vidas asumir responsabilidades y conseguir un trabajo, pues el mundo cambió, y aunque no lo hicieron las ideas, si las formas, y asi como bien comentaba Aukerman: “Uno puede disfrutar de la música punk y llevar una vida normal, estudiar y trabajar, y todo ello sin modificaciones corporales”.

 

Los jóvenes adultos que de alguna manera entramos en la generación millenial, nacidos en los 80’s y que nos tocó vivir la música de los 90’s y que rendimos culto a la música de los 70’s no estábamos preparados para la adolescencia terminara tan rápido y ese enfrentamiento con convencionalidades, realidades, pagos, impuestos, afores y todo ese tipo de cosas que alguna vez parecían tan lejanas nos trae locos y con más incertidumbres que certezas.

 

Lng/Sht lo resume en su canción “El punk rock arruinó mi vida” cantando: “Prefiero ser el hombre viejo, sonriendo, obeso, de barba dispareja, playera de bandas, tomando vino de caja, sentado en la banqueta de casa, viendo a “The Clash” y hablando de Batman” y nos explica, como todo esto que estamos viviendo es de lo que nos hablaron nuestros padres mientras estudiábamos la prepa, pero ¿qué más da?, no somos los últimos ni los primeros que nos enfrentamos con un cambio generacional, seguiremos siendo esos niños feos, incomprendidos, inconformes y antisociales que 15 años después esperamos la quincena o el pago de nuestro trabajo de freelance y poder comprar un par de boletos para el siguiente show, para comprar música o algún instrumento y para poder tomar una cerveza con los amigos cantando: “With the music execution and the talk of revolution, It bleeds in me and it goes… Give ’em the boot the roots the radical”