Por Gabriel Cruz

 

No hay ninguna forma de determinar cómo será un niño en su adultez. Podemos tener una idea si observamos cómo lo educan sus padres o cómo convive con el resto de los seres vivos y su medio. Pero, al final, no sabemos si esa niña, que se pasa horas en el iPad y le grita a sus hermanos o primos porque no la consideran la reina suprema del universo, está destinada a ser una tirana; o si aquel niño, que mata animales y golpea a sus compañeros de clase, se va a convertir en el Freddy Krueger de la colonia. Podría ser que a estos chicos, en algún momento de su vida, se les presente un factor inesperado que cambie radicalmente su perspectiva sobre la vida. Incluso, a aquellos que se les puede pensar como futuros bienhechores, digo, ahí está Hitler y sus ganas de convertirse en artista durante su juventud.

Entre las pelis que intentan mostrar la existencia de esta “semilla del mal” en la mente de los humanos, desde la más tierna infancia, se encuentra la opera prima de Brady Corbet, actor que ha participado con directores del tamaño de Lars Von Trier y Michael Haneke. Para llegar a este refinado resultado, Corbet debió permitirse esperar más de diez años, juntar la experiencia necesaria y tener una guía sólida. La película, La niñez de un líder.

A finales de la Primera Guerra Mundial, un niño de alrededor de ocho años se traslada junto con sus padres a un poblado de Francia. Su padre cumple un cargo político para el gobierno norteamericano y su presencia en ese territorio, justo en el periodo de las entreguerras, es muy importante. El pequeño pasa la mayoría del tiempo con su madre y su maestra de francés; ambas deben, en todo momento, lidiar con el fuerte temperamento del chico y los conflictos que le causan la escasa presencia de su padre, su apariencia andrógina y la soledad de encontrarse en un contexto ajeno y hostil. Cada vez que comenzamos a sentir pena por el chico, éste se encarga de provocarnos el profundo deseo de, al menos, reprenderlo.

Para esta obra, Corbet utiliza como principal referencia la obra de Sartre La infancia de un jefe, de donde extrae a su personaje principal. Éste, durante su infancia, sufre de diferentes conflictos –como ser confundido con una niña– pero, principalmente, el saber que cuando crezca deberá estar a la altura de su padre, el dueño de una fábrica (claro, en el periodo de entreguerras). El novel director decide manipular el personaje principal del Premio Nobel y su contexto creando una referencia mucho más directa al fascismo europeo de la primera mitad del siglo XX. No sólo el Fürer sino también el Duce y el Generalísimo están presentes en la figura de este chico.

Aunque muchos de los comentarios que se han escrito sobre esta peli no son del todo favorables (mucho se debe a que lo comparan con su mentor Haneke y con Sartre), The Childhood of a Leader muestra una estructura de ópera muy limpia, así como lo hacían algunas piezas clásicas del cine como Lawrence de Arabia (1962), en la que incluso está presente el preludio musical, anunciado, como coro griego, la serie de tragedias que presenciaremos de forma inevitable. El score no abandona jamás los momentos cruciales de la narrativa y permite, con largos silencios, que la fotografía nos relate con metáforas visuales el humor de ese escuicle del demonio.

El 80% de la cinta nos remite irremediablemente a la pintura flamenca, así como a la pintura costumbrista centroeuropea de finales del siglo XVIII. El estilo rotundo de la música se engarza perfectamente a los paisajes secos del otoño y los nevados del invierno en los que personajes, todos vestidos de negro, viven a duras penas su vida, deambulando de aquí a allá, intentando sobrevivir en ese terrible periodo europeo.

Corbet tuvo la sensibilidad de mostrarnos la parsimonia que rodea a los miembros de las altas esferas, quienes se dedican a manipular los hilos de la sociedad y quienes, además, heredarán a sus hijos los mandos que portan para continuar con esa casta, aunque los chicos se encuentren corrompidos. Este trabajo tiene mucha relación estilística y temática con otros que abordan los conflictos individuales que se suscitan como consecuencia directa o indirecta de la guerra tales como Pink Floyd, The Wall (1981), Incendios (2010), La cinta blanca (2009), del mencionado Haneke, entre otras.

Si bien Corbet tiene aún mucho trabajo que hacer para demostrar que es capaz de crear productos inteligentes y poderosos (este en particular tiene muchos más dotes de los que se piensa), me atrevo a vaticinar que La niñez de un líder sobrevivirá el duro paso del tiempo, al que cintas multipremiadas y taquilleras no han logrado abatir, de la misma forma que otras que fueron un total fracaso en taquilla actualmente son necesarias para el estudio del fenómeno del cine.

Véanla este fin y acompáñenla de una cerveza stout y un pan negro con paté.

 

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Título: La niñez de un líder

Título original: The Chilhood of a Leader

Dirección: Brady Corbet

Duración : 115 minutos

Año: 2015

País: Hungría, Francia y Reino Unido