por Gabriel Cruz.

Hace poco leí una entrevista hecha por el diario El País de España a David Roberts, miembro de la Singularity University , y publicado el 24 de octubre de este año. En ella, el innovador tecnológico (y perdonen mi profunda ignorancia, pero la neta no sé de qué exactamente), hacía hincapié en el hecho de que en un futuro no muy lejano el modelo de universidad tenderá a desaparecer del mundo, y que sólo las instituciones académicas más relevantes se mantendrán vigentes (¡fiu por la UNAM!).

Un punto que defiende Roberts y dicho en mis propias palabras, es que la Universidad de la Vida o UV (si la registrarámos en este país sería la UVM; sí le queda, ¿no?) ha capacitado de forma suficiente a las personas que cumplen con las exigencias del mundo contemporáneo. Más allá de la discusión del alcance de esta premisa en las distintas regiones del mundo, me surgió una que me pareció muy importante; la forma en la que en las aulas de la UV se utiliza el idioma, no sólo el español, digo, cada quien hará con su lengua lo que quiera (yo por ejemplo he sido reconocido por el uso de la mía).

Con esto quiero dar inicio a una pequeña exploración del uso del lenguaje en el contexto popular… Esperen, dejen lo digo mejor: el uso del lenguaje, en lo que viene siendo el contexto popular.

Quisiera señalar la importancia de seguir en este análisis las metodologías de investigación de la UV, en las que los académicos más renombrados dictan las formas y fondos de los temas analizados con un minucioso rigor empírico, y entre los que destaca Armando Ramírez, escritor de la novela Chin Chin el teporocho. Ya que les aclaré el punto (sí, es albur), entro de lleno al tema (ok, eso también fue albur).

¿En dónde se puede observar minuciosamente el uso de las palabras con connotaciones puramente populares?, ¿en una charla en el café gourmet de tercera generación?, ¿hablando con el dueño de la tienda de productos orgánicos?, ¿con los amigos en algún bistro de la Condesa?, ¿con la vendedora de la boutique de Mazaryk?, si su respuesta fue sí en cualquiera de las opciones anteriores creo que no nos hemos entendido. Ni los expertos en el uso de ese lenguaje se atreven a mostrar sus habilidades en esos sitios. Saben de antemano que expresiones tipo: “que no salga con que a Chuchita la bolsearon” no tendrán el mismo recibimiento que con sus compañeros de clase de la UV en los salones de La Merced o el Aula Magna de La Lagunilla, pero al final las conocen y en algún momento de la vida las usan. Tal vez se escondan en el baño y en voz baja le digan a su celular: SIRI, a Chuchita la bolsearon. En un escenario en el que no existiera el menor conocimiento de estas joyas de la expresión popular probablemente lo primero que se preguntaría el interlocutor del egresado con honores de la UV sería: ¿Quién es Chuchita? y en segundo lugar, ¿Quién la bolseó?, habría angustia por saber lo que ocurrió para que esta pobre mujer cayera en tan terrible situación y cuestioanaría cuáles fueron las circunstancias que le rodearon para que le sucediera tan trágico evento; no faltaría quien quisiera tomar acción y se le ocurriera hacer un hashtag en el tuiter tipo #todossomoschuchita o #nomásbolseadas para difundir tamaño atropello, o podrían incluso crear un evento en el feis para exigir que el gobierno detenga las bolseadas, todo esto apoyado con la recaudación de firmas en Change.org. Claro, el escenario que pinto es exagerado, pero si no lo hago así, daría una hueva infinita leer un párrafo más de este texto estúpido.

Si tú has logrado plantearte esta situación, seguramente te estarás imaginando otras nuevas, en las que frases como “la manga del muerto” ya son palabras mayores, y sus posibles consecuencias en el universo que ofrezco nos puede llevar incluso a pensar en el holocausto zombie: ausencia de gobierno, gente robando a todo aquel que se le ponga enfrente, la población consiguiendo armas para defenderse, terror en las calles, hordas de personas adorando una imagen de la muerte y escuchando reggaeton. Estas imágenes caóticas y poco probables, al parecer ya son demasiado en un país como el nuestro, pero uno nunca sabe.

Afortunadamente el lenguaje popular siempre logra permear todo rincón donde exista alguien con la imperiosa necesidad de comunicarse, ya que el uso del idioma en sus formas más técnicas y refinadas puede ser interesante, pero al final terminas pensando que es de una flojera brutal si no se puede aderezar con alguna que otra palabrita o frasecita extra que haga de tus conversaciones momentos dicharacheros de poca madre. Y es por esto que es importante estar agradecido con los académicos de la UVM por su intensa labor de transformar un idioma rico en palabras que permiten describir al mundo con una enorme puntualidad, uno que te hace paladear a las palabras como si fueran labios carnosos, al que tomas por la cintura y acercas a tu cuerpo, miras a los ojos y le dices que amas la forma en que tu subconsciente se hace corpóreo en el aire y se impregna en los oídos del interlocutor, a una lengua que te deja tomar las palabras por las nalgas, bien apretadito, mientras le das el beso más puerco que puedas para decir cuanta mamada quieras y haber qué entiende la persona que esté frente a ti.

Un idioma que se permite mezclar tanto lo más delicado con lo más lodoso y con ello poder crear frases del tamaño de: “defenderé el peso como un perro”, es un idioma vivo.

Las expresiones usadas en este artículo fueron verdaderos clásicos, pero el idioma se transforma todos los días por el simple uso, además de que los sistemas de comunicación actuales nos permiten conocer expresiones importadas de tierras ignotas y que difícilmente hubiéramos conocido sin el auxilio de estas nuevas herramientas.

Yo he detectado muchas nuevas formas, frases, palabras; pero para no darles todo peladito y en la boca los quiero invitar a que ustedes mismos busquen dentro de sus cabecitas y nos compartan cuáles son sus expresiones populares contemporáneas (y clásicas también ¿por qué chingados no?) para enriquecer enormemente las babosadas que aquí se analizaron.