por César Rodríguez

El ser humano es un ser social por naturaleza. Ya sea por interés, necesidad o deseo los individuos buscamos asociarnos, agruparnos o emparejarnos. El hombre es el lobo del hombre dice Hobbs. ¿Es cierto? ¿Somos nuestros reproductores y a su vez destructores?

Cierto o no, creo que cada uno tendremos nuestras propias conclusiones. Tratemos pues de responder la otra pregunta en dos partes: ¿por qué somos nuestros reproductores? Para perpetrar la especie. Como todo ser vivo buscamos reproducirnos; es lo único que nos asegura, de alguna manera, trascender incluso cuando hayamos muerto. Es un deseo natural querer trascender, dejar un legado, alguien que cuente nuestra historia: no pasar en vano. Pero es en esta necesidad de trascendencia, de herencia en la que nos encaminamos a responder la segunda parte de la pregunta: ¿somos nuestros destructores? De manera muy breve, y sin pretender ser un experto en el tema, intentaré repasar en pocas líneas el paso del ser humano en la tierra. La teoría evolutiva de Darwin nos muestra que efectivamente desde los primeros humanos de la tierra se juntaban en grupos para sobrevivir y reproducirse pero, a su vez, para combatir con otros grupos, vencerlos, dominarlos y quedarse con sus bienes o territorios. La historia se repite o, mejor dicho, continúa con su respectivo proceso evolutivo: cada vez más grupos, cada vez más numerosos, cada vez menos recursos y cada vez más instrumentos (armas) de combate.

En el deseo natural de preservar, trascender y dejar legado, los grupos humanos se han encargado de arrasar con los recursos y personas sin medir o a pesar de medir, sin importarles, las consecuencias. ¿Cuáles han sido algunas de estas consecuencias? Evidentemente no la destrucción del ser humano, pues en tan sólo 20 años hemos aumentado en 2 mil millones de personas en el mundo. Así que no es la extinción a lo que el proceso evolutivo nos ha llevado, por lo menos no por ahora. A pesar, incluso, de las muertes masivas en conflictos armados que se suscitan alrededor del mundo, o las enfermedades de rápido contagio que han acabado con cientos de miles de vidas. No obstante la tasa de nacimientos frente a la de mortandad sigue siendo mucho mayor con un crecimiento poblacional del 1% anual según datos del Banco Mundial. Pero sí ha disminuido la extinción de los recursos naturales de los que dependemos para sobrevivir como especie. El rápido crecimiento también de la mancha urbana en el mundo, que responde al número de personas en el planeta, destruye ecosistemas completos: bosques, selvas y, sobre todo, los mantos acuíferos de la tierra.

Por otra parte, cada vez más personas toman conciencia del cuidado del medio ambiente y la recuperación de lo que se ha ido perdiendo. El reto no es menor, pues unos cuantos (cientos de miles, incluso millones) enfrentan a grandes corporaciones y gobiernos completos que llevan una inercia muy difícil de detener debido a la dependencia económica que tienen en este modelo instaurado hace más de 80 años después de la Segunda Guerra Mundial.

El panorama, en realidad, no es alentador. Las economías mundiales están sostenidas por hilos y quienes manejan los hilos tienen intereses personales. Es necesario, creo, seguir también con la inercia iniciada por algunos grupos para recuperar economías locales, comercio justo y preservación y cuidado del medio ambiente. A partir del agrupamiento de inidividuos que buscan un bien común sobre los intereses personales es desde donde se podrían fortalecer las comunidades y formar verdaderos contrapesos a la maquinaria que nos mueve a todos. Es decir, volvamos al principio pero ahora reconociendo que no es a través de pasar encima de los demás que podemos formar el clan más fuerte y poderoso.

 

*La fotografía que acompaña este texto es de Andrew Lyman y su colección “Fleeted Happening”.

http://www.andrewlymanart.com/

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César Rodríguez

Licenciado en Relaciones Internacionales por la UDLA, Maestría en Sistemas de Salud por el Instituto Nacional de Salud Pública, actualmente estudiante de Psicología en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Libre pensador y optimista analítico. Fiel creyente del cambio paradigmático del éxito… Lo que sea que esto signifique.

Estaré colaborando con artículos de corte social: análisis político y económico, comportamiento y conflictos sociales, una que otra vez rollitos psicológicos.