por Gabriel Cruz 14501835_10154007109142794_685518453_n

En 1986 la Ciudad de México estaba en plena reconstrucción; el sismo del año anterior había destruído algunas zonas importantes de la capital del país, pero el fervor del mundial de fútbol parecía llenar los huecos en algunos. Yo tenía once años, y las caricaturas en la televisión junto con las historietas y el cine de ciencia ficción eran para mi un alimento importante, que me daba motivos para dibujar personajes fantásticos inspirados en esos medios, o hacer mis monitos como decía mi abuela. Fue en esa época que me dieron el tip; recuerdo bien que mi amigo y vecino Beto me mostró un cómic nuevo lleno de todo eso que me gustaba: robots, viajes espaciales, aliens, batallas y, lo más importante, un héroe que no había planeado serlo, pero que estaba marcado para salvar a su especie de un malo muy malo. Corrí al puesto de revistas del parque y ahí lo encontré: Karmatron y los Transformables, una propuesta hecha en el mismo país en el que yo había nacido y que si bien tenía influencias de la cultura pop japonesa y norteamericana, rescataba también rasgos culturales  mesoamericanos y orientales antiguos, lo que llenaba la lectura de un misticismo completamente innovador en este país, uno en el que circulaban pocas historietas nacionales, en el que la industria editorial había dejado atrás las apuestas por creadores renovados, y se habían volcado al negocio de la reimpresión de materiales extranjeros o historias plagadas de sexoooo.

 

Nace una leyenda

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Karmatron de Óscar González Loyo, en ese momento se convertía no sólo en la única alternativa local de historieta de superhéroes, sino además en la única en su género en el país y que poco tiempo después inspirara a Nicanor Peña Cabrera a publicar Destruktor, el Defensor Cósmico, otro cómic inmerso en el género y que incluso compartiera páginas con Karmatron en un número especial.

La publicación de Karmatron llegó a su fin en el 91 con el número 298 y durante mucho tiempo, nadie pudo llenar ese vacío, y mucho menos después de que a los fans, nuestras madres nos tiraron a la basura o regalaron con el señor del periódico viejo la colección que tanto nos costó juntar. Es curioso, ya que justo en la época en que esto ocurrió, los cómics extranjeros, y sobre todo los de las editoriales gringas, comenzaron a tener su apogeo en esta ciudad y la atención del público se volcó hacia estos. Unos pocos años después, por ahí del 93, ante un público más interesado en el tema y que conjugaba a los que habíamos seguido al Guerrero Kundalini y ante los nuevos fans de los cómics, Óscar González Loyo se nos  aparecía cual Virgen del sartén, y fue la oportunidad de saber qué iba a pasar con uno de mis personajes favoritos.

Recuerdo que fue en la ahora extinta Librería de Cristal de Av. Universidad y Río Churubusco que Adrián (un buen amigo y fan también) y yo conocimos la nueva era de este cómic, en formato de novela gráfica, con una evolución sorprendente en los personajes y la historia y el respaldado de la editorial ¡Ka-Boom!, creada por el mismo Loyo, junto con otras personas que comparten su sueño de impulsar una nueva industria del cómic mexicano. Era emocionante ver que un cómic nacional pudiera seguir las mismas pautas que los extranjeros, pero con características muy locales que lo hacía tener un aura única.

Seguí un buen rato a Óscar en  sus presentaciones (yo bien groupie) cuando por equis o ye le perdí el rastro de nuevo. Hasta ahora, gracias al bendito feisbuc, me lo vuelvo a encontrar, y además me entero de que Karmatron está siendo re-editado corregido y aumentado, que el cómic está de nuevo a la venta y a la mano de cualquier cristiano, judío, musulmán, budista o simple ateo.  Y no sólo eso, tuve la oportunidad de contactar a Óscar y así visitar el santuario ¡Ka-Boom!, que funciona como hábitat integrado en el que los miembros del equipo viven, conviven, trabajan y en una especie de sueño colectivo van generando nuevas propuestas que le apuestan duro a su meta.

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Estudio ¡Ka-Boom!, un viaje inesperado

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Antes de contar cómo me fue, quisiera aclarar que no fui en plan de stalker y que los cómics que me llevé me los dieron ellos, no me los robé. Nunca he hecho semejantes cosas y jamás volvería a hacerlas. Bueno, dejando esto asentado continúo.

En la charla que sostuve con Óscar González y Susana Romero, guionista, colorista, esposa de Óscar y nana de los Kaboomes, ambos me platicaron del origen de Karmatron y la actualidad de la editorial. Platicar con esta pareja puede, si no se tiene una mente abierta, parecer un capítulo de los X Files. Hay quienes los han calificado de paranoicos, conspiracionistas, locos, sectarios, mafiosos, extravagantes, agentes del mal, que le pegan a sus mamás y si pudieran, votarían por Trump. Yo les llamo diferente, ellos son: realistas. El discurso que plantean, además de demostrar el cariño que tienen por su labor, deja al descubierto muchos males que existen en un mundo poco conocido en este país, el editorial.

No es que yo sea el tipo más conocedor del planeta, pero haber trabajado muchos años en la Feria del Libro del Zócalo me permitió conocer algunos de los males que aquejan a esa área comercial. Y es que en algún momento todos queremos defender a las editoriales, su noble labor es la de hacer libros, y cada vez que se presentan las cifras de cuánto se lee en promedio en el país, siempre ponemos el grito en el cielo, maldecimos al gobierno pero no comprarnos libros, ni intentarnos inculcar el hábito de la lectura (¿tú sí? bueno, pues no te pongas este saco). Pero hay algo que solemos olvidar cuando pensamos en la palabra “editorial” y es que ellos no sólo hacen libros, sino también producen un montón de cosas más, y entre ellas, cómics.

A mucha gente, cuando piensa en ello, inmediatamente les viene a la cabeza Marvel, DC o la enorme industria del manga japonés; otros más versados citarán al cómic europeo, y pocos, muy pocos recuerdan a los mexicanos. Si tienen la oportunidad, lean Puros Cuentos, Historia de la Historieta en México, volúmenes I y III de Juan Manuel Aurrecoechea y Armando Bartra (Edit. Grijalbo y CONACULTA); yo sólo conozco este par de títulos de la colección, el volumen II nunca lo he visto, ni en bibliotecas públicas, y según leí hay un volumen IV que abarca la historia hasta los sesenta. Ahora, no es sólo leerlos porque sean algunos de los libros más serios que compilan el largo y sinuoso camino que ha atravesado el cómic mexicano, sino que parecen al mismo tiempo un síntoma del estado en el que éste se encuentra desde los años ochenta, mutilado e incompleto. Y bueno, cito estos volúmenes también porque justo el periodo de decaimiento de la industria y el surgimiento de algunos títulos intentado detener esta caída, son los que ya no alcanzan a entrar en esta crónica. Se quedaron fuera Karmatron, así como Destruktor.

 

Cómo crear una industria y destruirla en cuatro sencillos pasos

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Óscar González es heredero de la época que el último libro que menciono debe documentar, en la que las grandes editoriales tenían publicaciones periódicas, y en la que los artistas iban generando productos que mezclaban lo que el público y ellos mismos querían, muy parecido a la industria de los otros países. Esa herencia la debe a su padre, Óscar González Guerrero, creador de un clásico de los sesenta, Hermelinda Linda y quien acompañó a su hijo en el desarrollo de muchos de sus proyectos personales, hasta hace poco cuando el duro trabajo de tantos años le ha obligado a descansar.

El ganador del premio Will Eisner en el año 2000, Óscar, recuerda además que los pagos que les hacían eran muy jugosos, que con un guión vendido, te alcanzaba para comprar un auto, aunque también dice que algunos creativos se quejaban de la explotación a los dibujantes y guionistas. Y bueno, justo el tema de la explotación es la que llegó después con refuerzos, y más tarde el desinterés de los editores por crecer, por desarrollar, por abarcar nuevos públicos y por entender que hay que escuchar a todas las voces. Lo único que esto causó fue el derrumbe de la industria que hasta los setenta existía, y que en los ochenta la editorial Ejea transformó en lo que actualmente conocemos como Sensacionales. Muchos creativos que trabajaban en clásicos como Chanoc u otros, tuvieron que adaptarse a este nuevo y triste mundo, dedicado a entretener a las clases más populares sin intención alguna de aportarles algo. Estos son algunos de los argumentos que Óscar y otros pocos enarbolan, y con los cuales algunas personas se han mostrado a disgusto. Tal vez ese disgusto sea por ignorancia, y quisiera decir que este comentario no intenta ser peyorativo, pero la ignorancia es simplemente el desconocimiento de algo, y en este caso podría ser el del mundo editorial. Yo no me puedo presentar como el gran sabedor de ese mundo, pero algo sé,  y algo también entiendo: Óscar, sabe mucho de ello.

Él fue muy claro cuando le pregunté sobre los porqués del estado actual del cómic mexicano, y parafraseo a continuación lo que él denomina como los enemigos del cómic:

 

Uno: Las editoriales

Ya lo mencionaba antes, las grandes editoriales que imprimen cientos de miles de copias de historietas de baja calidad (por voluntad propia), mugroseando al público, y por otra parte editorial Televisa, que se ha dedicado a publicar los productos de Marvel y DC sin voltear a ver a los creativos mexicanos y sus personajes. Es así que editoriales como ¡Ka-Boom! o Resistencia, entre otras pocas más, cada una con sus propias características y públicos específicos deben sudar la gota gorda para reunir los recursos que les permitan publicar el trabajo de artistas, que de otra forma en este país no tendrían espacio. Y ante este escenario poco prometedor muchos mexicanos talentosos, algunos de ellos salidos del propio ¡Ka-Boom!, decidieron irse a Marvel, donde han podido triunfar.

 

Dos: Los distribuidores

La Unión de Voceadores es la encargada en la ciudad de distribuir cualquier periódico, revista o cómic que circule. Según nos cuenta Luis Gantús en el texto La mafia de la distribución: verdades y mentiras, el cual complementa a La increíble y triste historia de la cándida historieta y la industria desalmada, ambos publicadas por Producciones Balazo, este organismo se compone de seis despachos que publican todo lo que te encuentras en el puesto de revistas de la esquina. Para poder tener presencia en cualquiera de estos puntos las condiciones son simples. O tu producto es hecho en cualquiera de estas editoriales o solicitas que tu publicación independiente esté ahí.

Pásate del otro lado ahora: si tú estás vendiendo algún material X y llega un externo a pedir que pongas en tu changarrito el suyo, al ladito, ¿pus qué haces?

  1. Lo ayudas, lo tuyo es impulsar a los demás aunque sean tu competencia.
  2. Lo boicoteas, le dices que su producto no pega, que mejor haga algo diferente, más tradicional o que mejor se dedique a vender quesadillas (con queso).
  3. Lo sacrificas a los dioses de las editoriales, tal vez así el negocio salga de este extraño bache en el que cayó.

Obvio, la Unión de Voceadores ama la opción B y está impulsando que se opte por la C en el futuro próximo.

El mismo González Loyo comenta que de las cien mil copias que se llegaron a tirar de Karmatron, en algún momento los distribuidores vendían sólo veinte mil y el resto era ocultado, marcado en el lomo de la revista como rezagado (como una pobre vaca kundalini) y después devuelto a sus propietarios. Es decir, la manchadez total.

 

Tres: Los colegas

No sólo he escuchado a Óscar decir esto con cierta pesadumbres en la expresión: los creativos que malbaratan su trabajo están destruyendo el medio. Yo recuerdo que en la universidad nadie nos dijo cómo calcular el precio de nuestro trabajo, y creo que es porque ni mis maestros lo sabían, y en general los nuevos profesionistas salen de las aulas sin saber cuánto deben cobrar por sus habilidades. Y es que esta es una verdad verdadera. Pasa en todas partes, y es que cualquier empresario preferirá la mano de obra barata a pagar el precio justo a un experto. También mencionados por González Loyo, están los productores improvisados, quienes también pueden causar daño a los esfuerzos por brindar seriedad a los nuevos productos que actualmente se ofrecen; si bien no son la mayoría en el intento de abarcar el mundo profesional, hay una gran cantidad de personas que al no haberse entrenado debidamente y más allá de que su calidad sea muy baja, generan un panorama equivocado de lo que ser un verdadero entendido de la materia significa.

Y bueno, cuando en los noventa las reglas del juego cambiaron, la mayoría de los creativos hicieron cualquier cosa por sobrevivir, menos unirse y crear sus propias reglas. Pocos lo intentan actualmente y lo que abunda es el escarnio y la mala onda entre colegas, como suele ocurrir en los movimientos contracorriente, si uno da un paso adelante, el de al lado le pone el pie.

 

Cuatro: Las expos

Los circuitos de exposiciones o ferias son un formato muy común en el mundo, no son nada nuevo y el de los cómics, que surgió en los iunaited esteits se ha intentado reproducir en estas tierras. No sólo Óscar ha estado involucrado en los proceso de consolidación de estos espacios, y en La Mole o la TNT los nombres de los más famosos dibujantes nacionales suelen aparecer, aunque, o como organizadores, o relegados unas mesitas en la orilla. La gran oportunidad del diálogo entre extranjeros y nacionales que supone un evento internacional se pierde por alimentar las subculturas que prefieren productos japoneses o gringos y no procuran empoderar a los nacionales y los menosprecian gachamente. Digo, al menos en esta urbe habitamos más de veinte millones de personas, supongo entonces que hay para todos.

Ante estos hechos, ¡Ka-Boom! ha optado por presentarse en circuitos alternativos, ¿para qué estar en espacios que no significan una verdadera plataforma para las historietas nacionales y sí para aquellos productos que están perfectamente posicionadas en el mercado?, dígase Marvel, Star Wars o DC.

 

Vive largo y próspero

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Si bien la resiliencia sería una mejor herramienta de cohesión entre los creadores y pequeñas editoriales que significan el actual estado del cómic mexicano, el simple hecho de tolerar que existan otras opiniones, otra vivencias, otras formas de crear ya sería un avance importante. Esto que añado sirva como resumen de algunos de los puntos anteriores. El constante ataque o trolleo, como lo menciona mi querido Óscar, no ha hecho más que dividir al público emergente del chavo-ruco. Un público que se jacte de conocedor no consume sólo un único producto. Experimenta, prueba aquí, allá, y disfruta de la diversidad de opciones que el mundo le ofrece. Y si algo me ha quedado claro en esta grata visita en ¡Ka-Boom!, es que la importancia de no desistir, permanecer juntos, el apoyo mutuo y disfrutar tanto del triunfo personal como del de al lado, son factores importantísimos para alcanzar cualquier meta. Óscar González Loyo, Óscar González Guerrero, Susana Romero, Mariana Moreno, Horacio Sandoval, entre los muchos y muchos más que son parte de la actual familia, han creado un sistema que está lejos de ser uno tóxico, dañino. Este grupo es un buen ejemplo de la colaboración comunitaria, y si bien ninguno de ellos es un magnate que inyecte un capital económico significativo, el capital humano que lo compone ha permitido que el estudio sea un centro de creación importante. Óscar con una amplia sonrisa me dice que su sistema de trabajo es como en el Enterprise, nave de la serie Star Trek. Si el capitán se ausenta de la silla de comando, alguien lo sustituye de inmediato.

Si se te antoja conocer un poco más de Óscar y el resto de su kaboom-familia te sugiero que entres a su página:

http://www.ka-boom.com.mx/ka-boom.htm

Ahora, si ya conoces a Karmatron y no sabías que puedes comprar de nuevo sus cómics o no, pero quieres convertirte en fan incluyendo a tus hijos (excepto si eres DINK), date una vuelta a Mix-Up, que ahí tienen del primer número hasta el dieciséis, y espera que ya está por salir el siguiente capítulo. Además, a inicios del próximo año estrenarán un nuevo proyecto en el que Karmatron presentará nuevas aventuras, y el resto de los integrantes del estudio mostrarán sus proyectos personales.

Parece que tenemos Óscar, Karmatron y ¡Ka-Boom! para rato.

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