Por Gabriel Cruz

Cada domingo por la mañana es lo mismo: sientes que vas a morir. Tu cabeza da vueltas y debes poner el pie en el suelo para sentir que aterrizaste. Las náuseas te dominan y el bote de basura que está junto a tu cama es la única ayuda que tienes. Agua. Clamas por ella y no hay oídos que te escuchen. Como puedes sales del nicho que te protege y tu cuerpo crea una extraña danza que asemeja el bamboleo y el arrastrar de los gusanos. Finalmente llegas a la cocina y sacas del refrigerador la botella de leche. Bebes copiosamente de ella y sientes un poco de alivio. Ya es momento de dar el siguiente paso, uno pequeño. Te quitas la ropa del día anterior, te enfundas en unos pants que encuentras en el bote de la ropa sucia y sales a enfrentar el mundo. Claro, no sin antes ponerte tus gafas de sol.

El sendero es difícil y debes enfrentar al enemigo durante el camino: el pitar de los autos, el bullicio de la gente, la grabación de la niña que compra colchones, la del señor gangoso que vende tamales oaxaqueños, tamales calientitos, la campana del camión de la basura… Pero al final, tú eres una guerrera, o un guerrero (cuota de género), y cuando por fin llegas a tu destino una sonrisa se pinta en tu rostro y de tu boca surge una delicada voz que dice: “Un plato grande de pancita”. Eres un sobreviviente, eres inmortal y cada domingo tuyo es un domingo de resurrección.

La filmografía de Jason Krawczyk es muy limitada, tanto que He Never Died es apenas su segunda peli, la cual, además, sólo salió en TV, después se lanzó DVD y ahora en Netflix. ¿Y saben qué? Somos afortunados. Jason propone aquí un personaje lacónico, introvertido, hermético y enigmático que, al momento en que descubrimos su origen, nos atrapa más que en los primeros minutos de la peli. Es curioso que Krawczyk no haya realizado más películas después de ésta, pero el impacto que tuvo He Never Died en la audiencia le dio la posibilidad de realizar una serie para televisión, en la que podrá ahondar mucho más en la historia de Jack, el personaje principal. Una gran virtud de este personaje es el actor que lo interpreta y, esta vez, quisiera salir de mi costumbre de no clavarme en nombres de actores. El cantante de punk gringo Henry Rollins (si no lo conoces, deberías buscar su música) se mete en la piel de Jack. Con apariencia de supremacista blanco, pero con ideología punk, Rollins ha trabajado desde hace mucho en el cine, ya sea haciendo papeles de relleno o prestando su voz a personajes de animación, sobre todo en series y pelis de Batman.

Jack vive aislado de la gente, metido en su casa viendo televisión, viviendo las noches en una cafetería digna de un cuadro de Edward Hopper, jugando bingo tres veces por semana con los viejos y comiendo carne humana. Todo esto es común para un anciano que vive en Estado Unidos, sobre todo para uno que tiene más de mil años de vida. El verdadero nombre de Jack es muy antiguo y tiene una historia muy larga para contar, llena de sangre y muerte. No hay ataduras, no hay amor, el concepto de familia quedó muy atrás cuando él mató a su hermano. Era otro, el mundo era distinto. Ahora, aquí, todo parece que va a cambiar. El ser milenario se enfrenta a su némesis, una millenial. Jack se acaba de enterar que es padre y su hija adolescente ha venido a conocerle. Pero, claro, los enemigos que sin quererlo se ha ido granjeando y que no tenían nada de donde agarrarlo, ahora tienen la oportunidad perfecta y la van a aprovechar.

Krawczyk no sólo supo tomar un personaje mítico y convertirlo en algo sumamente atractivo, sino además eligió al actor perfecto para interpretarlo. Henry Rollins, además de  cantante de punk y actor, es escritor y, activista. Su apariencia de tipo rudo, grandote, mamado y tatuado, que haría a cualquiera apretar el trasero si se le encuentra en una calle vacía por la noche, cambia radicalmente cuando, ante cualquier situación, él sólo atina a decir “OK”. La dupla director/actor crea un ente gracioso si tener que hacer ninguna payasada. La mímica de Rollins se basa en la estaticidad facial, en la voz de unitono y la cinética ahorrativa; es decir, es un árbol. Varios comparan al multiartista con Schwarzenegger, sobre todo con el segundo Terminator que genera momentos cómicos con su aridez expresiva.

El universo que habita el personaje convive con otros que aportan una sustancia turbia, que se vuelve sumamente densa por el trabajo del director de fotografía. Además de participar en el primer largometraje de Krawczyk, The Briefcase (2011), Eric Billman ha colaborado en diferentes series de televisión (ni se molesten, ninguna sobresaliente). Ambos, director y fotógrafo, sufren del mismo mal que mencionaba en la reseña anterior. Jolibud está tan saturado que muchos verdaderos talentos deben conformarse con realizar pocas producciones decentes. Si hay un dios, estos talentos tendrán el reconocimiento que merecen y no me refiero un Oscar o un Ariel, sino al presupuesto para seguir trabajando y hacer material decente como éste.

Identificarse con Jack, un ser frío y asesino, es complicado. Al igual que el ya citado Terminator, está muy lejos de generar empatía con la gente, aunque sin quererlo este inmortal lo logra. Rollins logra moldear un antihéroe de tremendo nivel, que aunque no ha trascendido mediáticamente, sí impacta a quien se permite verlo. No por nada, en IMDB y Rotten Tomatoes, la película y su actuación están muy bien reseñadas.

Ya sentados frente a su pantalla, procuren tener un buen vino, lo más maduro posible.

 

Título: He Never Died

Dirección: Jason Krawczyk

Duración: 99 minutos

Año: 2015

País: Estados Unidos y Canadá