Por Gabriel Cruz

 

¿Te llegó a pasar que te pensabas un genio en algo? ¿Así como bien creativo en alguna cosa? Y, claro, te pones a hacer la cosa en cuestión, para lo que eres todo un “experto” y le muestras a todo el mundo que sólo eres un perdedor (todos se dan cuenta, menos tú). A veces pasa. En ocasiones nuestro ego nos juega estas bromas pesadas y, si pudiéramos despersonalizarnos y ver la situación desde fuera, ¡oh dioses! moriríamos de risa. Como yo cuando hacía el plano de la FIL Zócalo, hasta que llegó Israel y me dijo que parecía Tetris y se puso a hacerlo bien. Mmmh, ahora que lo pienso así, no me da risa… Olvídenlo, no se analicen o morirán de vergüenza.

Jon Burroughs es un autovisualizado genio musical y, por un golpe de ¿suerte?, termina como tecladista de los Soronprfbs, una banda de música alternativa dublinesa que tiene la interesante característica de no poder terminar de tocar ninguna canción en ninguna presentación en vivo. Burroughs le imprime a la banda un elemento que no tenía, lo que les lleva a sitios y situaciones nuevas para todos. No diré si el elemento que aporta el tecladista es bueno o malo, o cuáles fueron las consecuencias, pero sí les comentaré que Frank, el líder, compositor, genio de la banda y quien además usa una cabeza de cartón gigante como máscara, ve en este nuevo miembro la pieza que le faltaba para brillar como nunca.

Antes de conquistar al gran público y ser nominado a un Oscar como mejor director por la peli The Room (2015), el dublinés Lenny Abrahamson nos regaló esta magnífica pieza, cuyo guion estuvo a cargo de Peter Straughan y Jon Ronson, los mismos que escribieron la genial The Men Who Stare at Goats (2009). ¿Por qué es importante que Ronson esté involucrado en este proyecto? Porque él perteneció a la banda de Frank Sidebottom, personaje creado en los ochenta por el músico Chris Sievey (si están familiarizados con el New Wave ochentero, saben de lo que hablo). Sievey creó este personaje cómico (ajá, que usa una cabeza de cartón como máscara), que deambula por las calles tocando su banjo y cantando canciones extrañas. Ronson retoma y homenajea a su viejo y fallecido amigo y lo combina con dos personajes igual de weirdos, el mítico Captain Beefheart, quien aporta al personaje su extraña forma de generar las letras de sus canciones y las muy obvias referencias a Daniel Johnston, músico bipolar admirado por David Bowie, Matt Groening, Kurt Cobain, entre otros.

Si bien la fotografía sólo es cumplidora, el resto de los elementos que conforman la obra son soberbios. Sustentada en el bien estructurado guión, Frank se desarrolla plenamente con la coreografía actoral de su reparto con el trinomio conformado por Michael Fassbender, Domhnall Gleeson y Maggie Gyllenhaal. Originalmente se consideró a Johnny Depp para estar bajo la máscara de Frank, pero cuando Fassbender se enteró de la producción, él mismo se postuló (seguro Depp estaba muy ocupado con Burton); por eso es que en mi recomendación anterior (Only Lovers Left Alive) mencionaba que este mitad alemán, mitad irlandés afortunadamente está muy metido en producciones independientes. Por otra parte, Gleeson, quien suele estar involucrado en grandes producciones, tiene la capacidad de seguir mostrando actuaciones sumamente cálidas (excepto la de Star Wars: The Force Awakens [2015], donde es más bien malvado y frío). Finalmente, la del apellido más difícil de pronunciar y escribir, Maggie, si bien paga las cuentas con su aparición en Batman: The Dark Knight (2008), ha dedicado gran parte de su carrera a desarrollar personajes complicados en películas que no son producciones millonarias.

Ya que Frank cuenta la historia de la banda musical Soronprfbs y de cómo cada miembro gira alrededor de su líder, pues es obvio que la música es uno de los elementos importantes que mencionaba antes. En esta ocasión, está a cargo de el varias veces premiado y colaborador continuo de Lenny Abrahamson, el músico Stephen Rennicks. Si vieron The Room, saben que la música de este compositor es sumamente atmosférica y conmovedora. Al ser él el cerebro musical de un genio musical ficticio y, al mismo tiempo, el cerebro de un músico menor que compone melodías simples y bobas, la responsabilidad que tuvo sobre sus hombros fue enorme. Para crear las canciones de los personajes, el compositor colaboró con los actores y el director, quienes aportaron las letras de las canciones al tiempo que él las musicalizaba. El resultado es extraordinario y se puede constatar con la pieza que cierra la película I Love You All, que de alguna forma ilustra este proceso y sintetiza los sentimiento que genera la película.

Frank se sitúa al lado de muchas otras producciones que nos hablan de bandas ficticias, desde el clásico This is Spinal Tap (1984) hasta la muy simpática Sing Street (2016), que también pueden encontrar en Netflix. El gran aporte de esta película en este universo tan vasto es el de sumergirnos en el análisis de los roles en los que solemos plantarnos, ya sea por perseguir estereotipos, ya sea porque dejamos que alguien nos convenza que es lo mejor para nosotros. La máscara de Frank es tan grande que en ella caben los guionistas, los músicos que inspiran al personaje, sus compañeros de la banda, sus padres y todos nosotros, intentando ocultar lo que somos y presentándonos como algo potenciado y maravilloso. Esa cabeza enorme bien podría ser nuestro perfil de Facebook o Instagram, la ropa cara que compramos o quisiéramos comprar, el artista pop que imitamos cuando cantamos o bailamos, nuestras quejas sobre el sistema a través de sus mismos medios. Cuando vean Frank, háganlo quitándose la máscara y, si al terminarla ya no se la quieren poner de nuevo, entonces de algo sirvió la película.

Para maridarla les recomiendo un té Earl Grey con tantita miel y una nube de leche. Seguro les dará el mood perfecto.

Título: Frank

Dirección: Lenny Abrahamson

Duración: 95 minutos

Año: 2014

País: Reino Unido, Irlanda y Estados Unidos