Por María Medina Ramos

En los últimos años, el mundo del fitness ha recobrado fuerza y la tendencia indica que los gyms están desapareciendo igual que los Blockbusters. Ahora, lo cool es ir a un centro de Crossfit, a Beatbox, a Siclo, al Pilates de la colonia, o simplemente, hacer carreras y maratones por la ciudad o salirte de ella para escalar una montaña. Podría afirmar incluso que ahora es más “in” la ropa deportiva que un outfit de antro. Muchas personas gastamos igual, o más, en unos leggings de Lululemon que en un vestido para una fiesta. Y sin exagerar, a veces te encuentras más gente en estos centros deportivos que en un antro, donde además, muchas veces el tema en común tiene que ver con el deporte. A mí me parece una tendencia increíble porque la raíz de ella es enamorarnos de nuestra salud y sentirnos increíble.

Si te dedicas al mundo del fitness, o eres un aficionado a él, seguramente te identificarás con alguna de estas situaciones de nuestro día a día.

  1. Salimos de nuestras casas casi siempre de noche. Así que nos toca ver el amanecer manejando o desde el lugar donde ejercitamos nuestras carnes.
  1. Cargamos con más utensilios que una mamá con pañalera: El lunch en tupper, la proteína en polvo, la botella de agua, el gadget específico del deporte que hacemos y la maleta con mil cambios de ropa, son sólo una pequeña parte del cargamento diario.
  1. Preparar nuestros alimentos es todo un ritual: Desde la pócima que parece guácara de bebé recién amamantado hecha de proteína en polvo, avena, fruta según la elección, leche o agua, hasta las almendras, arándanos o el snack de preferencia del día.
  1. Nos cuesta trabajo escoger outfits el fin de semana porque ya no estamos acostumbrados a vestirnos como la gente normal. Perdemos el sentido de la moda por culpa del uso excesivo del Spandex. Y claro, las mujeres cada vez sabemos caminar menos en tacón.
  1. Es común que la gente nos vea raro cuando acabamos de hacer ejercicio por nuestro exceso de felicidad. Nos dan risa los chistes más tontos y cantamos solos en el tráfico por el cúmulo de endorfinas. Somos como niños recargados de azúcar saliendo de una fiesta infantil.
  1. Generalmente somos los primeros en emborracharnos en las fiestas. A las 3 copitas andamos risa y risa, convirtiéndonos en los tetos del grupo. Eso, claro si somos de los que tomamos.
  1. Es muy común que nos bañemos más de una vez al día y cada vez que visitamos nuestra propia regadera nos acordamos que teníamos un jabón de cuerpo delicioso que por falta de uso se pudrió.
  1. Nos enojamos muchísimo cuando el workout que hicimos no nos hace sudar y acabar adoloridos. Casi casi, nuestro día pierde sentido.
  1. No sé si soy la única y tampoco si es cuestión de la cantidad de veces que nos bañamos, del sudor, o del tipo de tela de la ropa que nos ponemos, pero tenemos más granos en la cara y en espalda que en nuestros bellos años de pubertad.
  1. Paseamos por toda la ciudad nuestros atuendos empapados en sudor generando olores en nuestros coches y maletas muy similares a lo que huele un vagón del metro en hora pico.
  1. Le vemos cara de cama a cualquier silla, banca, sillón o hasta la mismísima alfombra para echarnos una que otra siesta en el día.

 

El “fitness fever” que padezco, como muchas personas que conozco, nos hace vivir este tipo de situaciones chistosas, otras incómodas, que valen la pena cuando vemos los resultados por los que tanto trabajamos. Y como el fondo de toda esta tendencia o moda, como muchos le llaman, es sentirnos, vernos y auto percibirnos increíble, te recomiendo escoger el ejercicio que más te guste (o probar nuevos) y salgas a comprar ese bote gigante de polvo, el outfit de millones que te va a hacer lucir un cuerpazo y un buen jabón de cara para eliminar los tremendos granos que te advierto van a florecer.