por Gabriel Cruz

En pláticas comunes de sobremesa en un domingo familiar, ya sea en la casa de la abuela o en algún restaurante x, los temas que se tocan pueden ser muy diversos, tanto que casi se puede tratar cualquier cosa que a uno se le ocurra, desde la cantidad de ángeles que caben en la cabeza de un alfiler, hasta la teoría de las súper cuerdas. Pero un tema que no puede faltar en ninguna charla amena es el de qué soundtrack debe acompañar el acto amatorio. Lo menciono de esta forma, ya que de aquí en adelante intentaré utilizar tantas acepciones como pueda para referirme a esta maravilla de la naturaleza, con el fin de que mis escritos sean lo más técnicamente correctos posible, y por otra parte para que mi correctora (gracias Gaby) no pierda tanto tiempo buscando sinónimos por mi falta de habilidad en el teclado (el de la computadora, por supuesto).

Bueno, lamento haberme desviado tanto de los temas que ahora quiero tratar y poner a discusión con ustedes, queridos lectores. El sexo y la música. Estoy seguro que la mayoría de los que se encuentran en este momento leyendo estas líneas han practicado en mayor o menor medida el primero de estos y seguramente a algunos les da igual si tienen a López Dóriga en la tele mientras se sumergen en el placer, aunque a otros cualquier ruidito, incluso la gotera del baño, les saca de concentración, pero hay gente que se toman unos minutos antes de echar pata con el fin de que ambas personas (o más de dos, dicen que pasa) tengan un soundtrack que acompañe los armónicos movimientos que con maestría cada uno de ustedes debe dominar (me imagino pues).

Pero, ¿realmente importa si se escucha algo o no?

Miren, a mi en una ocasión alguien me dijo que el Dark Side of the Moon era lo mejor para planchar; yo la verdad es que me sentí entusiasmado con la idea, es uno de mis discos favoritos, e intentarlo vaya que valía la pena. ¡Horror!: no pude concentrarme jamás; o seguía el requinto de Money o hacia piruetas en el aire. Por supuesto que terminé quitando el disco y desechando la idea de los soundtracks.

Parecía que el cine nos había engañado de nuevo con sus escenas ideales en las que suaves acordes mecen el ir y venir de las caderas, y cito como ejemplo aquella escena de A Clockwork Orange (1971) en la que Alex De Large, encarnado por Malcom Mc Dowell, con gran habilidad, junto con dos devotchkas, realizan uno de los tríos sexuales y acrobáticos más memorables de la historia del cine, en la que la obertura a la ópera Guillaume Tell de Rossini, le da la cadencia necesaria a tal proeza. Por supuesto si intentan hacerlo en casa, se verán frustrados, seguramente, y no por el problema que pudiera suponer el conseguir a dos acompañantes para esta aventura, sino por no tener una buena versión de esta pieza en Hi-Res, 24-bit, 96 kHz, 400 FPS reproducida con un amplificador Tenor 75 Wi de bulbos con bocinas Kharma Grand Enigma. Si no, ni vale la pena intentarlo.

Bueno, una cosa son esas proezas al ritmo de la ópera y otra cosas es la vida diaria, y en la dinámica impuesta por el azar, de repente ni tiempo le da a uno de apagar la música que está de fondo en la cenita romántica, en la charla en la sala o en el supermercado (¿qué, ustedes no lo han hecho en el gualmar?), y bueno, ahí es cuando uno entiende que el mundo es más complejo de lo que uno supone, y que lo que concebimos como un dogma inamovible, puede resquebrajarse con un soplido. Es así que la casualidad confrontó el momento cuchicuchesco con música que maridó a la perfección.

Yo supongo que algunos ni dormir pueden pensando si habrá algún tipo de música que puedan utilizar para hacer esa mezcla perfecta. Yo, pensando en ustedes y siendo solidario, les hago unas cuantas recomendaciones de grupos o solistas surgidas de esas coincidencias afortunadas, esperando que les puedan agradar y sean un gran acompañante en sus próximos bailes horizontales. Algunas de estas serán para el pre, y otras para el momento de la verdad, pero todas las propuesta son sabrosas, cachondas y riquitas.

 

Soda Stereo

Es una pena que Cerati se haya pasado del otro lado de la ofrenda, y es que su voz y requintos son sumamente estimulantes, generando en los escuchas que la líbido se les ponga como gato tras mosca. Es sabido que las canciones del grupo argentino tienen una fuerte carga sexual y si a eso le sumamos que su vocalista cantaba como si susurrara al oído de su amante, las cosas se ponen ardientes más rápido de lo que puedes decir “Zoom anatómico”. ¿Alguna canción en especial? Yo recomiendo que pongan completo el disco Comfort y Música para Volar de 1996. Ese unplugged ni tan desconectado tiene el encanto de tener varias de sus canciones más sexosas, las cuales se potencian al ofrecerlas con una cadencia acompasada y vocales orgásmicas.

 

Depeche Mode

Este grupo inglés de los ochenta generaba al inicio de su carrera música con influencias del post-punk, el pop y la música electrónica, y era imposible no querer bailar agitando los brazos al mero estilo de las discotecas de esa década. Pero en el 86 todo cambió, su música dio un giro extraño; ya no sólo invitaba a bailar, ahora había que contonearse suavemente y poco a poco desprenderse de la ropa hasta quedar encuerado. Mi teoría del porqué este cambio es que Dave Gahan, vocalista del grupo, se hizo novio de una stripper y que en algún momento esta le dijo: “Ay viejo, hazme una rolita pa’ bailar, ¿sííííííí?”. Y bueno, él seguramente compuso A Cuestion of Lust y de ahí pa’l real, todo lo que siguió fue una sucesión de mensajes subliminales que gritaba ¡quítate la ropa! y que con la voz de “todas mías” del vocalista y los ritmos que imitan el movimiento pélvico de un actor porno setentero, es imposible no subirse a la mesa y quedar en pelotas.

Yo les recomiendo poner el compilatorio The Singles 86-98, cada pieza vale una encuerada.

 

Yeah Yeah Yeahs

En un texto anterior a este mostraba mi gran admiración por Karen O´, vocalista de esta banda niuyorquina, y es que no sólo me impacta su belleza oriental y propuesta de vestuario y maquillaje, sino toda la sensualidad que es capaz de proyectar con su voz. Es la meretriz del punk, que entre pujido y pujido nos domina y latiguea haciéndonos pedir más. Este grupo es de sobresaltos y en una misma canción nos genera brincos espectaculares, que en la cama, sillón, mesa o lavadora pueden ser de mucha utilidad.

Les propongo que hagan un playlist en el que incluyan Black Tongue, Slave, Pin, Y Control, Gold Lion, Maps y Sacrilege. Al final de todo coman pizza.

 

Nina Simone

El terciopelo de su voz toca toda tu piel, te acaricia las mejillas, se pasea por tu espalda y el dulce sabor de la fruta prohibida se derrama por tus labios, escurriendo por la lengua y cayéndote en el pecho. La High Priestess of Soul, con sus canciones, y sobre todo el material que produjo hasta finales de los años cincuenta, invita a sostener entre nuestros brazos al objeto del deseo, y acompañados con la voz jadeante y acompasada de la diva, unir los labios a los suyos y viendo directo a sus ojos, con la pura mirada decirle que esa noche, ambos saldrán en silla de ruedas.

 

 

Led Zeppelin

Los años sesenta marcaron un parteaguas importante en la revolución sexual que se gestaba desde inicios ese siglo. Un elemento importante para la juventud  de esa década fue la música, con letras hiper sexualizadas, voces jadeantes y movimientos calientes en los escenarios. A finales de la década muchos grandes intérpretes eran bien conocidos por llevar al máximo el contoneo sabrosón al escenario. Muchos, sí, pero ninguno como esta banda inglesa, que más allá de la maestría y profundidad de su música, genera aún en sus escuchas la cosquillita abajeña que a todos gusta. Robert Plant es el orgasmo continuo en cada frase que sale por su boca, y la guitarra de Jimmy Page el líquido que lo transporta que al entrar por nuestros oídos, genera energía sexual pura que se va directo a nuestro sexo proyectándose como un rayo que penetra al de enfrente. Como advertencia ante esto, eviten escuchar a la banda en el transporte público, podría traerles problemas.

Ya en un sitio seguro, les recomiendo poner la selección de su agrado, pero no dejen de incluir en ella The Song Remains the Same, The Battle for Evermore, Four Sticks, Dazed and Confused, Communication Breakdown, Whole Lotta Love y Kashmir.

 

Bueno, a lo anterior me gustaría sumar algunas canciones que son necesarias en la lista de recomendaciones, y que quedaron fuera porque sería forzado poner a sus intérpretes como top, pero tienen material digno de mencionarse.

 

House of Cards de Radiohead, donde el sonido del bajo te lleva de arriba a abajo y de un lado al otro con la frase: “I don’t wanna be your friend, I just wanna be your lover”.

Aire soy de Miguel Bosé, quien dice que no hay nada ya, susurrándolo como el aire.

Cruz de navajas de Mecano, que nos invita a imaginar a María mojándose las canas en el café mientras que su amante asesina a Mario.

Billie Jean de Michael Jackson, quien niega ser el padre de ese niño. Su madre le advirtió, no vayas por ahí rompiendo el corazón de las jovencitas.

Y finalmente Dark and lovely de Barry White, a quien en algún momento Beavis y Butthead describieran como: “The horniest dude that ever lived “. De hecho él estaba en la terna para estar en los primeros cinco, pero en mi gusto muy personal lo propongo así.

¿Ya acabaste de leer? ¡Sáquese a cojer!