Por Gabriel Cruz

 

Cuando era niño mi madre me llevaba a ver pelis al cine Continental y Lindavista. La magia de las paredes repletas de los personajes creados por Walt Disney, el estar en una sala llena de chicos de mi edad y ver la proyección de los clásicos de esta importante casa productora: todo eso me parecía simplemente horrendo. A mi madre siempre le han encantado todos esos filmes, pero a mi ni me gustaban tanto, además de que no soportaba a esos chamacos gritones y chillones; aunque podía hacer una excepción y aguantar, rodeado de esos niñatos malcriados que olían a pipí, sentado durante dos horas, por un celuloide en particular: Fantasía. ¡Ah! cómo me gustaba verla en la pantallota y escuchar esa música tan maravillosa, perfectamente integrada a imágenes dignas de cualquier pacheco comehongos de las islas de CU. No sé cómo no se dio cuenta mi madre desde entonces, algo estaba mal en mí y no se hizo nada para corregirlo. Seamos realistas, Fantasía, aunque es en dibujos animados, en 1940 (cuando fue hecha) no era precisamente una cinta para niños, y menos los de un país profundamente religioso (In Dog We Trust), introduciendo en ellos la semilla del evolucionismo (en caso de que no tengan la menor idea de qué hablo véanla inmediatamente). Algo subversivo había en mi querido Walt y nadie se daba cuenta al parecer, tal vez ni él.

En fin, con el paso del tiempo mis gustos siguieron la senda que involuntariamente mi madre y sus hermanos Carlos y Jorge (los más pequeños de mis tíos y que vivían con nosotros), me fueron inculcando en cuestión de cine y música. Y bueno, la influencia de la mia mamma se hace presente en mi gusto en materia peliculística hecha para niños, aunque no puedo evitar querer guacarearme con mucho de lo que se produce para ellos, por lo que busco y busco cosas que me parecen de mejor factura. Es así que me he encontrado muchas joyitas, aunque algunas, me queda claro, requieren el acompañamiento de algún ser pensante para guiar a otro que seguramente lo es más que el padre o la madre, aunque necesita sólo un poco de colaboración para acomodar las ideas en sus cajones correspondientes. Hace no mucho le recomendé a mi amigo Javier que pusiera Where the Wild Things Are (2009) a su hijo de seis años, y después de que la vieron me dijo: -Creo que está un poco ruda para un niño. Tal vez no lo sea tanto, pero la guía, en este caso era importante.

La producción cinematográfica en el mundo está llena de material que se inspira en clásicos literarios infantiles, y algunas son más o menos afortunadas en sus resultados, otros incluso llegan más lejos que el libro en el que se basan y logran un producto lleno de sorpresas, incluso para los fans del original. Hay otras que además de esto obligan al espectador (infantil, juvenil y adulto) a reflexiones profundas sobre temas que pueden ser delicados, pero lo importante es que los colocan ahí, en la mesa, para que se reflexionen de forma personal o colectiva. Yo no creo que la peli de los monstruos esté ruda para un niño, creo más bien que hay que hacer un necesario acompañamiento para que la información entre por los ojos y oídos y después simplemente no se vaya por la cañería a la mañana siguiente junto con la comida del día anterior, o produzca un trauma en el espectador que lo convierta en asesino serial. No explicarla; comentarla y cuestionarla junto con el chico y que así Juanita o Pedrito lleguen a su propia interpretación.

Aunque no soy padre aún, me he dedicado durante veinte años a trabajar con la chamacada dando talleres de arte y periodismo infantil, además de hacer maratones de cine con ellos en los que analizamos el material. Es por eso que me atrevo a compartir aquí mero una breve lista de cinco cintas que se presentan para público infantil o que  están basadas en obras para niños y en las que el resultado, aunque genial, puede necesitar la guía de una persona de mente abierta y centrada; si tú lector no lo eres, entonces pide a tu hija, hijo o sobrinos que cuando la vean juntos te ayuden para entenderla. Seguro algo aprenderás.

 

 

Fantasía (1940)

País: EU. Clasificación PG.

Directores: James Algar, Samuel Armstrong, Ford Beebe Jr., Norman Ferguson, Jim Handley, T. Hee, Wilfred Jackson, Hamilton Luske, Bill Roberts, Paul Satterfield y Ben Sharpsteen.

Un homenaje a músicos necesarios en la historia de la humanidad se convierte en un monstruo incontrolable y caprichoso que únicamente se somete a nuestra voluntad si encontramos el estado mental que nos permite comunicarnos con él. Mucho se ha escrito sobre este filme y los datos de su realización y exhibición abundan, pero lo importante ahora es que se siga difundiendo entre los nuevos públicos. La empresa que creó este producto intentó a principios del siglo XXI repetir la fórmula infructuosamente. Los caprichos del mercado se hacen muy palpables en la segunda versión y todo lo aventurado de la original se pierde. Riesgos de tamaño tal como poner a cargo de cada secuencia a directores muy jóvenes e inexpertos, de los cuales sólo dos de ellos tendrían posteriormente a su cargo largometrajes importantes. 76 años y sigue sorprendiendo.

The Dark Crystal (1982)

País: EU. Clasificación: PG

Directores: Jim Henson y Frank Oz

Los dos genios gringos de la creación de títeres trabajaron muchísimos proyectos en conjunto, y entre ellos crearon dos grandes productos de ficción, Labyrinth (1986) y por supuesto, antes de este, The Dark Crystal. Una obra oscura y llena de criaturas tan horrendas como maravillosas. La mística del elegido tan recurrente en la literatura y cine de fantasía está presente en esta pieza con fuertes influencias de El Hobbit (del libro por supuesto). Esta cinta se muestra con argumentos, cinematografía y personajes espléndidos que los reconocidos creadores jamás tuvieron de nuevo a este nivel. Un buen pretexto para hablar sobre el papel de sujetos que algunos consideran pequeños en roles necesarios en el desarrollo de historias grandes. En la fábrica de darketos a los niños les ponen esta película desde muy temprana edad.

 

Fantastic Mr Fox (2009)

País: EU. Clasificación: PG.

Director: Wes Anderson

Roald Dahl es el escritor de literatura infantil favorito de los directores rebeldes hollywoodenses. Lleno de ideas locas para niños sedientos de revolución, ha creado libros que después se convirtieron en éxitos de taquilla como Gremlins (1984), Willy Wonka and the Chocolate Factory (1971), así como su segunda versión Charlie and the Chocolate Factory (2005), Matilda (1996), The Witches (1990), o James and the Gigant Peach (1996). Ahora pongan en manos del director favorito de los hipsters, Wes Anderson (confieso que yo lo adoro) una de sus obras literarias y el resultado es un agasajo estético y narrativo para los chamacos. Una pieza cien por ciento Anderson, pero sin el sexo y el alcohol acostumbrado, llena de aquellos planos simétricos que lo caracterizan, la música alternativa (a manos de Jarvis Cocker, vocalista de Pulp), diseños que recuerdan las décadas de los cincuenta a los ochenta, mucho estilo y un humor fino y discreto. Peguen bigotes y coloquen gafas de pasta a sus hijos y siéntense a ver con ellos una historia en la que la moralidad es cuestionada constantemente en pos de crear una que armonice colectivamente sin atentar contra la individualidad.

 

Where the Wild Things Are (2009)

País: EU. Clasificación: PG

Director: Spike Jonze

Después de haber hecho dos obras espléndidas con el guionista y también director Charlie Kaufman (Being John Malkovich [1999] y Adaptation [2002]), Jonze, se sentó a adaptar un clásico infantil junto con el novel escritor de guiones Dave Eggers (apenitas había hecho uno en cine, para Sam Mendes, ahí nomás). El resultado pasó por la muy feliz aprobación de Maurice Sendak, quien en 1963 había escrito e ilustrado este breve cuento, en el que un niño caprichoso y lleno de energía zarpa rumbo a una isla llena de monstruos para convertirse en su rey. El libro original había pasado muy inadvertido por los padres de familia en general, hasta que las solicitudes de este en las bibliotecas públicas por parte de los niños, que son mejores críticos que los adultos, demostraron a los ojos de todos que es estupendo y lo convirtieron en un clásico. La reinterpretación hecha por Jonze nos permite adentrarnos profundamente en la psique de un niño contemporáneo con padres divorciados y hermana adolescente, que encuentra en sus súbditos monstruosos la simbolización de él mismo. Musicalizada deliciosamente por la vocalista de los Yeah, Yeah, Yeahs, Karen O (igual de deliciosa), esta historia es un viaje sumamente difícil por el camino de Max Records para encontrarse a sí mismo y saberse un niño amado. Complejo no sacar lagrimita Remi en dos o tres momentos, y también imposible no aprovechar la oportunidad de charlar con un niño (incluso el interior) sobre nuestro papel en la familia, hasta una que parece rota.

Mononoke Hime (1997)

País: Japón.  Clasificación: PG-13

Director: Hayao Miyasaki.

Para mi siempre ha sido bien difícil decirle a alguien qué peli de Miyasaki debería ver primero. Definitivamente este es uno de mis cineastas favoritos y a cualquiera de sus creaciones le veo elementos extraordinarios. El ahora retirado director japonés desde sus primeras producciones en Estudio Ghibli ha ofrecido historias sumamente complejas y llenas de simbologías difíciles de descifrar. En algunos casos, como en la que pareciera una de sus obras más simples, Tonari no Totoro (1988), se han creado interpretaciones sumamente oscuras en las que la muerte está presente de forma constante (de cute a spooky en tan sólo un paso). Para terminar esta breve lista presento la que en mi opinión es una cinta necesaria, ya que ofrece un mensaje que, aunque podría adaptarse a casi cualquier momento después de la revolución industrial, en la actualidad es sumamente importante tomarlo en cuenta: la destrucción del equilibrio ambiental. Mononoke (que traducido al español significa Espíritu vengativo) presenta la forma en la que la falta de resiliencia genera destrucción, odio y muerte. El intento de control de territorios físicos y mentales de forma violenta y sin sentido son síntomas de políticas invasivas que vivimos al parecer desde el inicio de la humanidad, pero que con el desarrollo de la técnica se ha vuelto cada vez más voraces. Si algo nos muestra este clásico, es que el espíritu vengativo no sirve de nada para devolver el equilibrio perdido, sino el perdón y el trabajo en conjunto. Todos estamos expuestos a los diferentes tipos de violencia, ya sea recibiéndola o infringiéndola, pero las consecuencias de cometerla son importantes de analizar para una persona en plena formación (me refiero a los niños, por si no había quedado claro). Importante a tomar en consideración, este es el único trabajo de Miyasaki en el que se ve volando una cabeza (bueno, también un brazo), así que las edades recomendadas para verla es a partir de los trece años; claro, si el chamaco es fan del dead o del black metal y ve películas gore, pus nomás ponla sin importar la edad, que seguramente ha visto cosas peores.

 

Si bien la mayoría de las propuestas que aquí hago tienen clasificación A, el último caso la tiene en B y en Estados Unidos PG-13, pero creo necesario que la revisen bien antes de desecharla de sus opciones. Todo el material que Miyasaki produjo en su vida como director y guionista es pensado estrictamente en el público infantil y parte de su metodología de trabajo es el ponerse en los pies de los niños para poder generar contenidos que reflejen sus angustias, cuestionamientos y miedos para que a partir de ellos se busque una posible solución o comprensión de los problemas. Mononoke fue exhibida en Japón con mucho éxito ante todos los públicos, pero al llegar a EU y teniendo una experiencia previa de reedición no autorizada, se advirtió a los distribuidores que no podían tocar la cinta. La reacción por parte de los censores fue clasificarla para un público mayor del que se propone. Si esta reinterpretación es correcta o no, creo que es asunto relativo y tú lector debes de revisarla y saber si quieres usarla como herramienta pedagógica y de entretenimiento. En mi opinión, esta película es valiosa para abordar los temas que menciono arriba sin recurrir a las propuestas de polarización social que suelen presentar los materiales pensados para chicos, en los que generalmente hay un malo muy malo y buenos muy buenos que al final serán recompensados con la felicidad eterna.