por Mayo Nieto

How do you write the history of a culture that is fundamentally amnesiac?

Simon Reynolds

A través de glaciares milenarios, Edith soltó una lágrima. “Ya no aguanto más”, dijo. Y claro, con 8 meses de anorexia y bulimia (dos de los cuales ha pasado bajo tratamiento conmigo), no podría esperarse menos: que poco aguantara más. Yo tampoco. Siempre me salía con lo mismo. Aunque el día de hoy hubo algo diferente. “Traigo desde hace varios días una idea absurda en la cabeza”, comentó, “pienso que si me como una manzana después de las 6 de la tarde, mi cuerpo se va a incendiar”.

El comentario me trajo a la mente la película de los Gremlins, aquella de las dóciles mascotas que si comían después de la media noche se convertían en monstruos. Creo que las anoréxicas eso son: una especie de monstruos encantados con apariencia de cisnes. Aunque quien sabe el efecto que el fuego pueda tener en ellas. Mi experiencia más cercana del asunto se remonta a mi fiesta de graduación de la prepa, cuando accidentalmente toqué el vestido de una de mis compañeras con una vela encendida. Aunque el asunto no terminó en tragedia, el modelito se chamuscó y la chica se tuvo que ir de la fiesta. Lo terrible fue que había sido elegida la Reina del Baile y que me gustaba.

Pero eso solía pasarme en la adolescencia: me acercaba como lumbre a las mujeres y apenas las tocaba me derretía como las velas. Como habrán de imaginarse, también se llamaba Edith y nunca volví a verla. Supongo que seguirá viviendo con el amargo recuerdo del día de su fiesta de graduación de la prepa, como yo. Tal vez por ello las fiestas de graduación siempre me han parecido detestables. Por algo son el blanco favorito de terroríficos asesinos en las películas gringas. Estas fiestas tienen en realidad un origen muy antiguo y se relacionan con los rituales de iniciación de los jóvenes en la vida adulta. A los adolescentes se les “llevaba” (en latín se decía pro-minare) a estos rituales que contenían danzas y otro tipo de ceremonias. Para el siglo XIX, en el norte de los Estados Unidos se asoció con los festejos de graduación de la high-school y acorde con la etimología se les denominó promenades. Para mediados del siglo XX era una práctica tradicional en todas las escuelas y se les llamaba por su abreviatura: proms. Sin duda el prom terrorífico más famoso de la cinematografía es el que escribió Stephen King en su novela Carrie, dirigida por Brian de Palma. Una chica tímida y esquizoide es elegida la Prom Queen de la fiesta, pero al momento de la coronación todo mundo se ríe de ella. Difícilmente podría uno imaginarse momento más vergonzoso. En venganza, Carrie, con poderes telequinéticos, lleva a cabo una matanza. Fue la primera novela que escribió Stephen King, ahogado en deudas, en alcohol y en drogas. Luego que terminó de escribir la novela pensó en quemarla, pero decidió que era mejor destino el basurero. De ahí la rescató su esposa, Tabita, quien la leyó, le gustó, y la mandó a una editorial. El resto de la historia más o menos es conocida: King es el Rey. Sin embargo no dejó el alcohol y las drogas hasta mucho tiempo después. The Shining, la obra maestra del terror filmada por Stanley Kubrick, la escribió Stephen King como una alegoría del monstruo que tenía esclavizado a su cerebro.

Creo que la anorexia resulta, como la drogadicción, de la pérdida de los mecanismos normalizadores en una cultura que se ha desritualizado. Para que los Mogwai (la versión dulce de los Gremlins) permanecieran en estado domesticable, era necesario cumplir dos reglas: no darles de comer después de la medianoche y evitarles el contacto del agua. Agua y Sangre. Bautizo y comunión. Iniciación y Sexualidad. Tal vez Edith, la anoréxica, anhela a través del fuego derretir el hielo que la mantiene detrás de las miradas. Tal vez sean las reinas del baile en busca de la corona perdida. Tal vez sean todas las mujeres que hemos anhelado los hombres que habitamos el Castillo de la Locura o que hemos probado las drogas.

Dicen que el número de ideas en el universo, como los planetas, es finito. Incluso que no son muchas, por lo que tienden a repetirse, a converger. Es muy posible. Cuando abro la página Google y pongo en el espacio de búsqueda las palabras claves del párrafo anterior:

“Burn Girl Prom Queen”

 Resulta que es el nombre de una canción que aparece en el 2001 en un álbum llamado EP+6 de un grupo escocés llamado Mogwai. El nombre, lo admiten, fue tomado de la película de los Gremlins. Como curiosidad y coincidencia aparte, la pista número 7 del disco se llama: Stanley Kubrick. Otra coincidencia: la pista número 6 se llama Small Childrens in the Background. En su disco Friend of Night hay una canción que tiene el extraño título de 1% of Monster. En otro de sus discos, Happy Songs for Happy People, hay otra canción llamada Haunted by a Freak. El grupo pertenece al género indie rock aunque en los últimos discos ha tomado un aire definitivamente post-rock. Utiliza muy pocas vocalizaciones y sus letras carecen de letras. La mayoría de sus piezas son largas y siguen una línea discursiva basada en la guitarra o el piano. El tono es melancólico, muy intenso, pero sobretodo muy amplio. Es muy difícil que al escucharlas no empiece uno a recordar mil cosas, debido a que genera un gran espacio en la mente. Eso es lo que hace la ausencia de palabras, generar un espacio. Burn Girl Prom Queen (frase que no me atrevo a traducir) descansa melódicamente en el corno, a través de 4 notas que cambian de manera muy gradual. Esto hace que transcurra de un modo muy lánguido, como ocurriría en un baile donde la pareja se observa a los ojos todo el tiempo.

Les va a gustar la canción, pero ojo, no es posible recordarla después. Tiene más timbre que melodía y su naturaleza hipnótica hace que cuando termina truenen unos dedos imaginarios que lo hagan a uno despertar sin recordar absolutamente nada.

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Mayo Nieto (aka El Mayoscuro)

Psiquiatra potosino. Se la vive homéricamente añorando el Paraíso Perdido, que identifica en su Rioverde natal. Le gusta hacer cosas que no sabe hacer bien (como cocinar y cantar), pero que igual le aplauden la gente que lo quiere. Su vida es una mermelada, espesa, dispersa y perversa, pero eso si, llena de dulzura.

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