por Mau Plaza

“Blood Father”. Jean-Francois Richet. 1hr 28min.

Cambalacheándose entre problemas profesionales, personales y críticas, Mel Gibson regresa a un papel que siempre le ha funcionado muy bien: padre de familia en crisis. ¿No me creen?: What Women Want, Ransom, The Patriot, Signs, Edge of the darkness, etc.

Blood Father está dirigida por Jean-François Richet y se basa en la novela homónima de Peter Craig. Link (Gibson) ha pasado varios años en la cárcel y ha decidido enderezar su vida lejos del crimen y dejar de chupar. Vive en una casa rodante en medio de la nada y tiene un negocio de tatuajes. Va sobreviviendo a mentadas de madre en libertad condicional, pero tiene una espinita en la garganta que no lo deja estar tranquilo: la desaparición de su hija que, tras el divorcio, quedó bajo la custodia de la mamá. Nadie sabe nada de ella, ni pegando la foto en los cartoncitos de leche.

Gibson carga muy bien con la película. Link es un wey madreador con cierta bondad en su interior, y cuando se trata de su hija está dispuesto a todo -como casi todo padre-. Nos recuerda incluso al vengativo Mad Max de sus años mozos. Además, es de los pocos actores de Hollywood que, hasta el momento, no se ha estirado la geta. Lo tiene surcado de arrugas y con algunas cicatrices que hablan de su propia biografía, ayudando así al atormentado personaje al que da vida en la pantalla. Sus intensos ojos azules miran con odio y furia, pero también puede estar cargado de ternura hacia la chavita desmadrosa.

La hija es Lydia, 16 años y unos mini mini shorts que ¡Ah, jijo! Está interpretada por Erin Moriarty (que ya tiene 22 años, ya alcanza el timbre y si me la llevo a dar una vuelta). Trae en la sangre lo rebelde de su padre, lo cual ha hecho que se involucre con miembros de un cártel -mexicanos oooobvio-, y está perdidamente enamorada de su líder Jonah, un muy desabrido Diego -me cortaron el cabello a mordidas de burro- Luna como el villano de la película.

El chiste es que la morra le pone la vida de cabeza a su papá, pues la persiguen unos implacables sicarios. Y el papá, en el afán de no perder de nuevo a su retoño, arma un desmadre enorme para salvarla.

Blood Father funciona bien como entretenimiento. Mel Gibson es muy creíble como el padre desesperado. El guión profundiza en la historia de un hombre que cayó muy bajo y saca lo mejor de sí para ayudar a su hija a construir la vida que no pudo darle. Tiene buenos momentos de acción, hasta ahí.

Lo que le falla a esta historia es que no alcanza los niveles de suspenso y acción que podrían volverla memorable. Lejos de ello, la película se satura de inconsistencias que la vuelven inverosímil. Con diálogos que intentan mostrar humorísticamente la practicidad de Link, con situaciones que rascan más en el pasado actoral de Gibson como héroe -forever young- de acción que en el pasado de su personaje (está muy encasillado en su papel de Martin Riggs/Lethal Weapon), con un ácido sarcasmo en Lydia que contrasta con la ingenuidad que la lleva a refugiarse en Jonah, la cinta es apenas un entrenamiento palomero.

7.5 plomazos de 10.