por: Marisol Miranda

Hace unos días estaba en el baño del aeropuerto de la Ciudad de México, cuando vi entrar a una mujer con un niño muy independiente de unos dos años; la que supuse era su mamá, le explicaba que aunque él ya iba al baño sólo como tenía que hacer popó ella tenía que entrar con él para ayudarle; el niño sin argumentar nada más, hizo caso y entraron ambos al baño, acto seguido escuché «ahora con toda la paciencia del mundo, haz popó».

Mi primera reacción fue pensar que era una frase muy rara que jamás me hubiera imaginado escuchar o que nunca hubiera pensado que yo fuera a decir y me causó cierta gracia, sin embargo, un instante después me di cuenta del valor que tenía y del impacto que estaba causando en mi vida.

Me puse a reflexionar, mientras esperaba mi maleta, acerca de todas las veces que he hecho cosas con prisa (aka: el 80% de mi vida) y de la poca paciencia que me ha acompañado precisamente por lo mismo, y es que quizá a mi mamá le faltó decirme “ahora con toda la paciencia del mundo…”

Esa frase, estaba marcando mi vida, estaba marcando esta etapa de limbo en la que me encuentro y estaba también recordándome que debía ser paciente, y hacer lo que me toca hacer en este momento de mi vida con toda la calma y dedicación del mundo.

Quizá ese chiquito no se dio cuenta del regalo que su mami le estaba dando en una frase tan simple en un baño del aeropuerto, y probablemente esa mamá no se dio cuenta del impacto que esa frase podría tener en la vida de su familia, pero definitivamente si el discurso hubiera sido otro, esa frase no hubiera puesto a reflexionar tanto acerca de mi vida.

Espero que a ustedes también los ponga a reflexionar y los lleve a hacer las cosas con un poco más de paciencia. Que les permita ser un poco más conscientes acerca de cada una de las palabras que dicen, que los ayude a elegir mejor la manera en la que se comunican, y también por qué no, que compartan las frases simples que han hecho eco en sus vidas, que quizá cambien la de alguien más, así sin intención, de pura coincidencia, como las grandes hazañas de la vida.

 

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Marisol Miranda

Celayense de nacimiento. Chiapaneca de corazón. Nómada por elección. Amante del cambio, la adrenalina, las aventuras y la felicidad. Siempre busco hacer más cosas que me hagan feliz y escribir es una de ellas.

@MarisolMir