por: María Medina

Hay días que nos pasan cosas, aparentemente insignificantes, tontas, pero que en conjunto pueden llegar a provocarnos una irritabilidad que de plano ni nuestros familiares quieren darnos las buenas noches nada más de cómo nos ven llegar a casa. Es más, ni siquiera las podemos explicar cuando nos preguntan que qué nos pasa ya que sonaría estúpido estar de tan mal humor por dichas razones. Y sí, otra realidad aún más gacha es que muchas de estas “cositas” que nos pasan, son provocadas por nosotros mismos. A veces son derivadas de la torpeza mental que se instaló en nuestro ser cual manifestante en Reforma y, a veces, de la negatividad o mala suerte de ese día.

Quiero dar algunos ejemplos de las cosas que me cae gordo que me pasen y comprobar que no estoy sola en esto, que a más de uno le pasa lo mismo que a mí.

Cuando se cae el jabón varias veces en la regadera. Tan común que hasta cuando me pasa ya no me cae tan gordo porque es demasiado predecible. Lo tremendo de esto no es que se me caiga, incluso más de una vez, sino que le atine justo en el dedo chiquito del pie. ¿Te suena? Confieso que de repente me enojo tanto, que lo dejo desgastarse en el piso de la regadera, como castigo, y termino enjabonándome con el shampoo. Y también le miento tantito la mother al pobre cuate. Aguas con este “castigo” hacia el jabón de dejarlo en el piso, porque el residuo que se queda puede hacerte resbalar como cáscara de plátano en caricatura de Buggs Bunny. Y más se incrementa el coraje mañanero.

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Postergar algo por flojera pero que eventualmente tendrás que hacer. Otra situación que me cae gorda y me pasa mucho, aunque te suene exagerada es la de olvidar la servilleta cuando me siento a comer muerta de hambre, sin cerebro ni buen humor, obvio. Caliento la sopa y corro a la mesa, de milagro con la cuchara que por poco se me olvida, como si se tratara de salvar a un niño que se va a caer a la alberca. Traigo la primera cucharada a mi boca y claramente, por lo atascada, se chorrea un poco de sopa en mi barba. Pero ¿qué creen? Pues que no tengo servilleta para limpiarme! No sé tú, pero la neta yo le doy una limpiada con la parte opuesta a la palma de la mano y sigo. Pero claro, ya para la tercera chorreada de sopa me levanto de la mesa por la maldita indispensable servilleta. Bien dicen los papás, el flojo trabaja doble.

El convivio con el conflictivo “WAZE”. Una situación bastante molesta de mi rutina es la relación con mi mejor amigo WAZE. Ya es tan mi mejor amigo, que me harta por el exceso de convivencia. De esas amistades que la persona ya es como tu familia entonces le mientas la madre con toda la confianza pero al ratito ahí estoy como perrito triste suplicando su ayuda para encontrar el mejor camino a mi destino. Los detalles “insignificantes” que colman mi paciencia con este cuate:

a) El mal educado interrumpe a cada rato las canciones, en las mejores partes.

b) Cambia la jugada modificando el tiempo de trayecto como queriendo jugar con mis sentimientos. Me lo suma, me emociona restándomelo y luego me aplica la de: “hazzard reported ahead”. Con un sonidito bastante peculiar que ya escucha mi cerebro solito.

c) El muy abusivo se acaba la pila de mi celular por segundos. Pero eso sí, cuando me hago la muy machita y escojo un trayecto sin consultárselo, resulta que se cayó el segundo piso del periférico o peor aún, hubo manifestación de los huevos Bachoco reclamando ser exhibidos en espectaculares por toda la ciudad sin su consentimiento. Y claro, resulta siendo la peor ruta. Ahí voy, con cara de regañada a escuchar el famoso “te lo dije” de esta necesaria aplicación. Definitivamente es una relación muy complicada.

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Cuando por una razón u otra nada más no logras mandar un voice note desde el celular. Venga, estoy segura que esta nos ha pasado a todos. Hablo como payaso en un circo con mi celular intentando mandar un voice note y no me doy cuenta que lo borré o peor aún, que ni siquiera lo grabé por no atinarle a ese microscópico espacio con más falsos que un cable auxiliar de coche comprado en un alto de la Colonia Doctores. El dolor de mano, porque ya no sólo es el dedo, y el coraje me duran un buen rato. Y el voice note que acabo mandando es una versión chafa y resumida del chismesazo que se perdió en el espacio cósmico. Esas versiones de mis mensajes deben estar en algún lado y les juro que serían gran contenido para un buen guión.

El individuo en el coche de adelante de ti en un alto que nada más no avanza. Ese coche se frena adelante del tuyo cuando el alto apenas parpadea en color verde, ni siquiera amarillo, cuando tienes más prisa por llegar a algún lado que Enrique Peña Nieto porque acabe su sexenio. Y si te estás haciendo pipí, olvídate.

Cuando te equivocas al pintarte los ojos. Para las mujeres, ¿qué tal es estarte pintando para salir y sin querer te manchas el párpado o la ojera de rímel? Quitarlo no es tarea fácil, definitivamente. Tienes casi que empezar de cero porque acabas arruinando la obra de arte en degradado que habías hecho con las sombras de ojos. Y para colmo, ya medio empiezas a mentalizarte que vas para largo, respiras, y en eso te grita alguien con prisa: -¿cómo vas? ughh!!

Cuando se te atora una migaja de palomita o restos de comida entre los dientes. Esta es clásica. Voy al cine o a comer y me queda un trozo de algo en los dientes, en mi caso el noventa por ciento de las veces es en la muela. Total hombre! sé que cuando me lave los dientes voy a aniquilar eso que se atoró y mis dientes regresarán a sus posiciones originales (porque sí, se siente como si fuera una roca que separa por metros los dientes). Y oh sorpresa, no se quita cuando me lavo los dientes, al contrario, se acomoda más! Como consuelo, con este ejemplo podríamos hablar de uno de los placeres chiquitos, tontos, pero universales también. Al lograr sacar esa cosa de la muela (con la mandíbula ya muy adolorida) siento más alivio que cuando me entregaban un examen que juraba reprobar con un glorioso número 6 de calificación.

Despertarte poco antes de que suene el despertador para ir al baño. Últimamente me pasa mucho por tomar mucha agua con el pretexto de “estar hidratada”; o por la edad, más que nada. Empiezo a soñar que voy al baño pero le echo mil ganas para aguantar y no pararme todavía. Se vuelve tan incómodo que de plano me levanto sin ver el reloj para no saber cuánto tiempo queda para intentar dormir más y cuando regreso a la cama para dejarme abrazar por mis calientitas sábanas, no es broma, a los 10 minutos suena el odiado despertador!

 

Lo chistoso es que esos corajitos universales, aparentemente de poca importancia, son producto de tonterías más universales que todos nos provocamos a nosotros mismos por muchas razones, entre ellas la falta de paciencia que nos genera una vida tan acelerada, en una ciudad más acelerada todavía. Que no nos deja detenernos a hacer las cosas de manera más pausada y consiente. Así que, créeme, no estamos solos en esto. Cuando pienses que la palomita que traes en la muela te está desesperando más de la cuenta, acuérdate que hay alguien más sufriendo porque no midió su fuerza al empujar su propio carrito del súper y se auto pegó en el talón; o hay alguien, al otro lado del mundo, queriendo matar a la viejita del coche de en frente que va a dos por hora justo en el momento de mayor prisa. Ánimo, intentemos verle el lado chistoso.