por Gabriel Cruz

Domingo once de la mañana, te acabas de levantar. Sacas del clóset unos jeans que llevan un par de puestas y te enfundas en ellos para pasear a Fido e ir por la barbacoa. Metes la mano a una de las bolsas del pantalón y encuentras en él un billete de doscientos pesos. El desayuno se pagará casi por arte de magia.

Ahora imagina que metes la mano de nuevo y sacas otro billete igual, y después otro más y así hasta el infinito. ¿Suena loco, no? Bueno, esto es lo que le ocurrió a Mats, un niño sueco de once años a quien la vida le ha presentado cambios poco agradables y unos extraordinarios pantalones que le dan dinero a manos llenas.

 

El niño de los pantalones de oro es una producción sueco-danesa dirigida por Ella Lemhagen, quien tiene una larga trayectoria de cine para adolescentes en su país de origen, Suecia. Lemhagen, al parecer, ha ido refinando su estilo y propuesta de un cine que, aunque ligero y familiar, no deja de ser inteligente y propositivo. En esta producción de 2014, la directora nos entrega una adaptación del libro infantil homónimo, del escritor sueco Max Lundgren, el cual ya se había adaptado en 1975 en una mini serie de seis capítulos para la TV sueca. La historia sobre la absurda idea de estos pantalones que escupen dinero sirve solamente para mostrarnos el complicado mundo que representa la transición de la niñez a la adolescencia (la cual sabemos es más complicada aún). Mats, el protagonista de este drama, es hijo de padres divorciados y ha vivido desde el momento de la separación con su madre, quien ahora ha decidido dejarlo con su padre (un periodista que vive al día) con la intención de cambiar el rumbo de su vida.

La confrontación de Mats con una figura paterna diluida y el abandono de la madre lo lleva a refugiarse en un intento de independencia, buscando trabajo junto con David, su amigo de aventuras. Esto parece llegar a su punto más alto al encontrar la dichosa prenda.

Y claro, el tener harta marmaja en las manos genera en el niño y su cómplice un descontrol tal que ambos parecen gobernadores mexicanos por su forma de gastar y cometer estupideces.

Suecia parece ser uno de esos países en los que las consecuencias de los actos positivos o negativos sí te alcanzan en algún momento y Mats, al disponer de tanto dinero que no es suyo, no logra, ni con un video en el que dice que lo ganó con el sudor de su frente, evadir la avalancha que ha provocado. Queda en él, David y su nueva amiga Livli, intentar recomponer la serie de consecuencias que se presentan ante ellos, incluida la confrontación con la mafia.

En El niño de los pantalones de oro, Ella Lemhagen logra crear una narración sumamente fluida y llena de subibajas que mantienen al espectador muy clavado en la historia. Es evidente el dominio de su oficio en la impecable dirección de los jóvenes actores, que se presentan como cualquier chico de su edad, sin la parafernalia y pirotecnia a la que las producciones de Disney tienen acostumbrados a los grandes públicos. Y aunque es evidente que la premisa de estos pantalones mágicos es un elemento extremadamente irreal, en la adaptación que hace Lemhagen parece casi imposible escapar a lo difícil de la realidad. La película puede, por momentos, tornarse dura para niños menores de once años por su aparente rudeza, pero es justo este elemento el que la convierte en un material perfecto para provocar el diálogo y el análisis con los chicos sobre el respeto a la gente y el valor que le damos a lo material (además de que te evitará tener que buscar la manera de quitarles la tonadita de príncipe o princesa descerebrados que Hollywood procura en sus productos infantiles).

Película perfecta si se espera acción, comedia y un poco de drama junto con la familia. Eso sí, acompáñenla con unos nachos con carne y una limonada.

 

Título: El niño de los pantalones de oro

Título original: Pojken med guldbyxorna

Título en Netflix: The Boy With the Golden Pants

Dirección: Ella Lemhagen

Año: 2014

País: Suecia, Dinamarca

Duración: 99 minutos